domingo, 13 de julio de 2014

"La Niña Vengadora"


Por Ana Isabel Zepeda.

Todos hemos convivido con niños abusadores, sobre todo en la primaria y secundaria, todos tenemos una historia que contar al respecto y esta es la mía.

Tendría yo unos 7 u 8 años, y en mi salón había la típica niña que reprueba años y se hacen grandes y no avanzan.

Pues en mi caso, la niña se llamaba Susana, era grande, robusta, se empezaba a ver más como una adolescente.

Recuerdo que tenía el cabello muy negro, largo y ondulado, siempre recogido en una cola de caballo a la altura de la nuca.

Ella vivía en un pueblo a la salida Sur de Hermosillo, todos los días un camión iba y la dejaba junto a otros niños de esa misma comunidad.

Desde que entró a mi salón, Susana se dedicaba a golpear a todos, nadie la quería, siempre se metía en problemas.

Hacía que el maestro castigara a otros compañeros, inventaba chismes, se portaba mal.

Ninguno de los niños era más grande que ella, Susana ganaba, todos le temían, un simple manotazo de ella y te dejaba llorando.

Nadie entendía la maldad de esa chamaca, parecía que su meta en la vida era llegar a la escuela a fregarse a alguien.


La niña nos tenía cansados a todos, afortunadamente a mi nunca me hizo nada, yo no me acercaba a ella, no quería ser su amiga.

Mis amigas en primaria eran dos, Cristina y Lupita, la primera muy alta e intigente, la segunda muy pequeña y seriecita y yo que pues sí era más atrabancada.

Un día en el recreo, Cristina y yo salimos a comprar, Lupita se quedó en el salón esperando por nosotras, nos subíamos al escritorio del maestro y cantábamos.

Ese día al regresar con nuestras paletas en forma de manita Vero®, encontramos una imagen desagradable...

Susana tenía a Lupita sometida, pegándole y amenazándola, el vivo ejemplo de lo que hoy conocemos como Bullying.

Yo sentí taaaaanto coraje, esa niña me había colmado la paciencia.

Le grite: "Déjala lobo" (así le decían otros compañeros porque era muy peluda).

Susana volteó a verme y sonrió, me imaginó en el suelo después de uno de sus golpes.

Soltó a mi amiga y se fue sobre mi, bien enojada, pero no contaba con mi amplia experiencia peleando con hombres (tengo tres hermanos).

Mientras caminaba hacia mi me gritaba:"cállate", "tú no te metas" y otras groserías demasiado fuertes para que las dijera una niña.

Me empujó, pero más que darme miedo me dio más fuerza por el coraje, no lo pensé y cuando trataba de salir yo le agarré bien fuerte las greñas.

La morra se jaló hacia la puerta y yo aferrada de su larga cabellera ondulada, se amoldaba muy bien a mis manos y entre mis dedos.

Le grité a Cristina que cerrará la puerta, yo y el cabello de la niña estábamos por dentro del salón y Susana por fuera.

La puerta se cerró y los gritos de Susana y de los niños que estaban viendo alertaron al maestro, yo seguía jalando esas greñas en nombre de todos los compañeros.

Llegó el maestro y hasta entonces aflojé mis dedos que estaban tan bien enganchados en esa cola de caballo.

La niña lloró como nunca, nadie la había visto así antes, yo sólo vi mis manos que tenían cabellos de la abusadora.

Susana me acusó, dijo que le pegué, el maestro decidió castigarme, tal vez me hizo falta llorar y hacer un poco de drama, pero estaba contenta. 

Por fuera del salón había una gran llanta como de trailer a medio enterrar, ahí jugábamos los niños.

Pero ese día fue testigo y acompañante de mi castigo, el
maestro me mandó a quedarme parada arriba de la llanta, bajo los rayos del Sol, ahí me quedé por dos horas.

Llegó la hora de salida y yo seguía parada encima de la llanta, sin poder moverme y sufriendo por el calor.

Mi mamá llegó y me vio fuera del salón, quemada por los rayos solares que me pegaban directo en la piel  y sudando.

Rápidamente me bajó de ahí y fue a reclamarle al maestro, me tenía de su mano.

-¿Oiga maestro por qué tiene ahí a la niña?, le preguntó molesta.

-Es que le pegó a una niña, contestó el maestro.

-¿Es verdad? ¿Por qué le pegaste mijita? Me cuestionó mi mamá.

-Es que le pegó a la Lupita y luego me quiso pegar a mi, siempre le pega a todos, contesté rápidamente.

-¡Qué bueno mijita! Y sí quiere volver a pegarte chingatela tu primero, no te andes dejando, me dijo mi mamá frente al maestro.

El maestro quiso regañar a mi mamá por darme tal consejo, pero mi mamá le ganó...

-Y usted maestro pobre de usted que me la vuelva a dejar en el Sol, me lo voy a chingar también, le dijo.

Recogí mi mochila y en el camino a casa mi mamá me iba felicitando.

-"No te tienes que andar dejando de nadie más que pura madre", "pinche maestro, no le hagas caso, no estas manca", etc.

A los pocos meses Susana, fue cambiada de escuela, era una niña grande problemática, cuando se fue volvió la paz en nuestro grupo.

Años después, varios años me la encontré en la preparatoria, pero ya no la reconocía.

Había cambiado mucho, se había quedado de aquel tamaño, ahora yo era más alta, ella chaparrita y gordita, seguía con su cola de caballo.

Ya se rasuraba y no estaba tan peluda, además era un poco más agradable.

Se acercó a mi y me recordó aquella pelea, -¡Soy Susana, estaba contigo en la primaria, nos peleamos una vez!

La seguí viendo de pronto, yo iba en el turno matutino y ella en el vespertino, nos saludábamos cada vez que nuestras miradas se topaban.

Para antes de llegar a quinto semestre supe que se casó con un policía porque la embarazo, dejó la preparatoria y nunca más la he vuelto a ver.

Y esa fue la historia de la vez que vengué a mis compañeros de primaria.