miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad... O no.

Siempre he tenido muy mala suerte en los intercambios navideños, algunas veces me he quedado esperando mi regalo y otros me han obsequiado cosas raras.

Desde hace ya varios años, decidí no volver a entrar a ningún intercambio, prefiero autoregalarme algo que me guste mucho. 

A pesar de que te dicen que no digas el nombre de la persona a la que le vas a regalar, siempre se sabe porque todos andan preguntando qué le pueden regalar y así corren los chismes. 

Pues una vez me enteré que me iba a regalar el morro que me gustaba, no lo podía creer pero estaba bien contentísima y voladísima.

Una semana antes de que fuera la posada yo ya andaba buscando la ropa que me iba a poner, definiendo maquillaje, peinado y todas esas cosas de mujeres.

Quería estar reluciente para el momento en el que el muchacho me diera mi regalo y obvio aprovechar y abrazarlo, a lo mejor y se daba cuenta que me gustaba.

Llegó el día de la posada, llegué al lugar lo más guapa que pude, me esmeré la verdad, tenía todos los detalles prácticamente controlados. 

A mi me había tocado regalarle a una amiga, para quedar bien ante los demás le compré un buen regalo, ropa fue lo que se me ocurrió, un poco más costosa del precio previsto en el intercambio. 

Le di su obsequio y le gustó, se quedó conforme y el resto de los asistentes reconocieron mi esfuerzo por quedar bien. 

Estaba yo bien nerviosa, ya era mi turno de recibir mi regalo, ¿qué me regalaría el guapo? No nos conocíamos bien y no me podía imaginar que me habría comprado. 

Dijeron: que pase la persona que le va a regalar a Ana Isabel, me alboroté y ligeramente miré al guapetón, ¡pero no se movía el hombre!

De dónde menos me lo esperaba salió un morro apodado "El Lupito", con una cajita de regalo para mi, me la daba y yo no sabía qué onda.

El Lupito me estiró los brazos para darme mi apapacho navideño y todos nos empezaron a hacer carrilla, sufrí mucho. 

Me fui a mi mesa a abrir mi regalo, era la típica  cajita musical con una muñequita bailarina y un espejo, no me gustó, estaba enojada. 

Mi "Santaclós" fue a preguntarme sí me había gustado y yo me porté muy mal con él (Me arrepiento, fui muy mala), le reclamé y le dije que el guapo era quién me iba a regalar y no él. 

Entonces fue ahí cuando me dijo que el morro le pidió de favor que le cambiará a la persona,  porque el Lupito tenía a la que le gustaba.

Destruida me fui a la casa y... estrellé la cajita musical-joyero ¿para qué fregados la quería? (Fui mala, ya sé).

Así fue como una Navidad me quedé sin regalo, sin el morro que me gustaba y unos cuantos pesos más pobre.

Después de ese coraje decidí nunca más volver a intercambiar regalos, más vale prevenir que lamentar. 

¡Feliz Navidad!