domingo, 16 de agosto de 2015

¿Por qué elegí el periodismo?





Es especial lo que voy a contar, tengo sentimientos encontrados y al mismo tiempo siento orgullo, son cuestiones de culturas y pensamientos que muchos de nuestros padres mayores de 50 años adoptaron por imitación y eso lo comprendo y lo asimilo como debe de ser, sin repartir culpas y ya sin rencor.

Desde muy pequeña mi padre me contagió su gusto por las noticias, todos los días salía muy temprano a comprar sus periódicos, en aquel entonces eran El Imparcial, El Independiente y El Cambio, los tomaba entre sus manos, encendía la radio para escuchar el noticiero más popular y tomaba su café.

Al llevarnos a la escuela seguía con la radio del carro encendida en cualquier estación de noticias locales y nacionales, siempre le ha gustado estar informado de todo lo que ocurre y opinar al respecto.

Yo soy la segunda hija de cinco hermanos, tres de ellos hombres y por mucho tiempo yo fui la única mujer, mi papá chapado a la antigua, siempre prefirió la compañía de los niños y no la mía.

La única manera que yo encontraba para estar cerca de él fueron las noticias, cuando el iba dejando cada sección del periódico yo la iba tomando y leía lo que a él le había llamado la atención.

Pensaba que de esa manera tenía un vínculo con él, aún así sentía esa batalla de niña tratando de buscar la atención de su padre, un padre que pensaba que las niñas deben recibir la atención de la madre exclusivamente.

Así fue como crecí, todos los días leía los periódicos y escuchaba cada noticia, cada vez con más atención y desarrollaba mi propio criterio, mi capacidad para redactar y leer se desarrollaron a un nivel tan alto que siempre era elegida para participar en concursos de cuentos, poesía oratoria o lectura. Gané varios de ellos, mi padre seguía sin mostrar su orgullo hacia su hija mujer.

En secundaria y ya con varias experiencias redactando, escuché una convocatoria para formar parte del primer periódico escolar llamado "Nokia", vendrían maestros de la Universidad de Sonora a darnos un curso durante los sábados para convertirnos en mini reporteros, yo era la más entusiasmada al respecto del proyecto.

Durante dos meses aproximadamente asistí los sábados a tomar el curso, yo tenía muchas ideas, quería entrevistar a los más inteligentes de la escuela y publicar historias, mientras otros niños pensaban en hacer "chismografos" y una sección de recaditos para declararse ante los muchachitos que les gustaran, no podía entender esa pérdida de espacio en nuestro periódico escolar.

Después de un largo proceso, reuniones y discusiones, hicimos nuestro periodiquito, salí en la portada junto a mis compañeros y maestros, nos presentaban como los nuevos reporteros, editores y diseñadores de ese medio informativo.

Recuerdo que llevé varios ejemplares a mi casa, los repartí con mis vecinos y familiares, a todos les causaba gracia la destreza que yo presentaba, excepto por mi papá.

La rutina de leer los periódicos por las mañanas continuaba, era un ritual, él leía sección por sección, la dejaba en un lado del sillón y yo las iba tomando para leer.

En algunas ocasiones se descuidaba y yo veía y hojeaba el periódico antes que él, y eso le molestaba mucho, yo estaba interrumpiendo ese ritual perfecto de todas las mañanas, pero es que yo no me resistía las ganas de leer las noticias más recientes o darle seguimiento a la que había leído el día anterior.

Poco a poco se fue convirtiendo en mi pasión, en preparatoria continúe con ese ritmo, seguía ganando concursos de cuentos y hasta poesía, un genero que no me gustaba mucho porque sentía que debía desnudar mis sentimientos y eso me daba miedo.

Todo ese material lo perdí, tengo recuerdos vagos de poesías que redacté en clases, y las ideas fijas de los cuentos cortos que redactaba incluso a altas horas de la noche cuando me despertaba con una buena idea de historia.

Nadie le daba el valor que yo quería que tuvieran mis trabajos y por lo mismo no me importaba desaparecer los que había escrito en hojas de cuadernos. Ahora me arrepiento mucho de eso.

Ya para entrar a la Universidad y con la moral un poco baja ante la poca relevancia de mis escritos, decidí estudiar derecho y olvidar mis convicciones de escribir y contar historias, solamente duré unos tres meses en la escuela, no era lo mío, me decidí por irme a trabajar.

Al año siguiente me armé de valor, no importaba que mi papá no valorará mi esfuerzo por ser reportera, por escribir y por ser quien de verdad quería ser, yo le iba a demostrar que era buena y además me prometí que me iba a leer a mi como parte de su ritual matutino.

Entré a estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora, desde el segundo semestre un maestro detectó mis habilidades y me envió a trabajar en el portal y revista de la institución, me tocó hacer hasta entrevistas para televisión, cubría todos los eventos culturales de la máxima casa de estudios en el Estado.

Durante ese tiempo además me dedicaba a trabajar los fines de semana para sacar adelante mis estudios, quería ser la mejor, ya tenía trazada una meta y estaba decidida a cumplirla.

Para sexto semestre inició mi especialización en periodismo, los mejores años para mí como futura profesionista, ingresé de llenó a los medios de comunicación y gracias a la dedicación obtuve mi primer empleo en un semanario político en las épocas de Eduardo Bours.

Al terminar la Universidad obtuve el más grande reconocimiento, mi papá acudió a mi graduación, reconoció mi esfuerzo y me acompañó a despedirme de la vida estudiantil para iniciar con la vida profesional.

Yo deseaba escribir en los periódicos que él leía, para cuando terminé mis estudios universitarios el diario El Independiente ya tenía años de haber dejado de existir y El Cambio había cerrado sus puertas luego de un ataque con una bomba que estallaron en la puerta de entrada.

Me quedaba El Imparcial, el diario hasta la fecha más importante del Estado y del noroeste de México, yo no tenía tanta confianza como para ir a dejar mi solicitud, me sentía como una niña sin las suficientes habilidades para estar en un medio de tal calibre.

Recordé mis metas y cómo pude me armé de valor, cambié mis ropas negras por una blusa rosa pastel y fui a hacer un examen de ortografía y conocimientos generales que pedían como requisitos para poder continuar en la pelea de una vacante como reportera.

El examen larguísimo que parecía más bien como de ingreso a la universidad fue aprobado exitosamente, lo que me llevó a otras etapas que incluían entrevistas, exámenes y pruebas de todo tipo, todas las pasé, días después recibí la llamada que me confirmaba que había logrado ganar un espacio en ese medio.

Mi emoción era tan grande, lo había logrado, a pocos meses de haber egresado de la universidad tenía el empleo de los sueños, mi papá por fin vería mi trabajo impreso.

No fue hasta tres meses después de trabajar ahí cuando mi nombre Ana Isabel Zepeda, pudo ser plasmado arriba a la izquierda de mis notas y reportajes, en ese entonces había que ganarse el lugar y estaba a prueba.

Mi papá por fin demostró su orgullo de que su hija, estaba escribiendo, además sus notas eran mencionadas por conductores de la radio que me daban el crédito al leer la información del periódico.

Tiempo después mi padre me pidió perdón, se dio cuenta que durante mucho tiempo le negó su atención, pero no por eso su amor, los padre siempre van a querer a sus hijos aunque a veces no sepan cómo demostrarlo.

Hoy puedo decir que gracias a mi papá yo soy una profesionista, involuntariamente él me ayudó a querer ser alguien y demostrarle por medio de mi trabajo el amor de hija que le tengo y yo aprendí a no juzgar,  él no tiene la culpa de la educación que le dieron sus padres y que estuvo dispuesto a cambiar.