domingo, 13 de septiembre de 2015

El síndrome del nido vacío y mi gran amor




Ya les he platicado antes que por mucho tiempo fui la única niña dentro de una familia conformada por tres hermanos varones y yo, convivía tanto con ellos que me sentía prácticamente uno de ellos.

Siempre quise tener una hermana con quien jugar a cosas de niñas, debido a que no llegaba me veía en la penosa necesidad de disfrazar  a dos de mis hermanos más pequeños de niñas hasta que mis papás se daban cuenta y salía regañada.

Pero cuando tenía casi 10 años, mi mamá llegó con una hermana para mí , desde ese mismo instante yo supe que la quería tanto que estaba dispuesta a cuidarla como a una muñeca de las que tenían otras niñas, la diferencia es que la mía era de verdad.

Mi hermana, la más pequeña y a la que le llevo varios años se convirtió prácticamente en mi hija, yo la cuidaba, le preparaba sus biberones, la peinaba y la cambiaba una y otra vez con todos los vestidos que tuviera en el momento.

Fui un gran apoyo para mi mamá en esos años, después de haber pasado por tantos embarazos y cuidar de tantos niños, por fin tenía apoyo, ya no tenía que cambiar pañales, yo lo hacía con gusto a tan corta edad, cuidar a mi hermanita era mi juego.

Mi apego por mi hermana era tan grande que realmente hasta la fecha me siento como su madre o padre, siempre he velado por ella antes que por mí misma, y no sé si eso es algo bueno o malo, pero es lo que siento que es correcto y así me siento tranquila.

Yo he visto como entre hermanas se pelean y hasta dejan de hablarse, esas situaciones me crean una gran ansiedad, el sólo hecho de pensar que yo podría estar mal con mi hermana o retirarle el habla me causa conflicto.

Durante sus cortos años he sido para ella una figura autoritaria pero al mismo tiempo de amor, es la persona que más quiero en este mundo y por la que estaría dispuesta a dar o dejar todo lo que tengo si así fuera necesario.

Siempre hemos sido muy unidas, aunque con la llegada de la adolescencia en ella y mi edad adulta las cosas no son como solían ser cuando ella era una pequeña niña que dependía de sus familiares.

Siempre le dije a mi mamá que yo ya tenía la experiencia de criar y cuidar a una niña, ya no siento la necesidad de parir un hijo de mis entrañas, sé lo que es sufrir de verdad por alguien, no poder conciliar el sueño cuando sabes que esa persona esta enferma o pasa por algún mal momento.

También conozco las alegrías y el orgullo de ver como triunfa esa persona de tu misma sangre, no sé cómo sea tener un hijo, pero creo que me he acercado mucho a eso.

Después de tanto tiempo juntas, mi hermana, mi bebé, que aunque mide arriba de 1.73 metros. sigue siendo mi niña pequeña que se fue de mi casa para perseguir sus propios sueños.

No lo pude retrasar más, todos buscamos en algún momento independizarnos, buscar nuestro propio camino, hacer nuestras propias cosas, ahora sólo me queda aceptarlo, superarlo, seguir echándole ganas y apoyarla como siempre lo he hecho.

Sé que el que esté en otra ciudad no es definitivo, pero por primera vez siento un dolor similar a que me hubieran desgarrado algo dentro de mí, me falta mi hermana en  casa, pero quiero que se desarrollé y sea autosuficiente, no somos inmortales y no estaré siempre  cuidándola.

Parecería que estoy haciendo demasiado drama, pero creo que son sentimientos muy parecidos a los que experimenta una madre cuando sus hijos deciden dejar la casa para estudiar o trabajar y se quedan solas tratando de entender cómo es que ha pasado tan rápido el tiempo y sus hijos ya son adultos jóvenes, los sicólogos lo llaman el Síndrome del Nido Vacío, en alusión a cuando los pajaritos emprenden el vuelo y se valen por ellos mismos, ya no necesitan más a su mamá y buscan su propio destino.

Sé que pronto voy a superar este vacío que siento, que aunque es sólo por un tiempo, no deja de afectarme, consideró a mi hermana mi más grande amor, representa a esa persona que no importa lo que haga, lo que diga o lo que pase, yo siempre voy a meter mis manos al fuego por ella sin juzgarla.