domingo, 4 de enero de 2015

Mi historia de acoso





A los 17 años entré a trabajar a una tienda muy grande del Sur de Hermosillo, me tocó buena suerte y me mandaron al área de Juguetería, estaba yo encantada, era mi primer empleo formal, antes había hecho chambitas durante los periodos de vacaciones para tener dinero y pagan la escuela.

Las cosas iban muy bien, me tocaba ir a la bodega cada jueves a recoger los nuevos juguetes, me entretenía viendo las nuevas muñecas, tenía que acomodar Barbies y Max Steele's, estaba muy cómoda yo, y como hasta la fecha me gustan los juguetes, pues disfrutaba mi trabajo.

También una vez cada 15 días me daban mil 500 pesos y tenía que ir a comprar juguetes a la competencia, esto para comparar precios, las cajeras y los clientes se me quedaban viendo con extrañeza, llevaba yo un carro lleno de juguetes, pero iba de encubierta.

Al llegar a mi tienda tenía que comparar los precios de la mercancía y después acomodar mis compras en los estantes para revenderlos.
Todo era felicidad, entre las pelotas, las muñecas y los juegos de mesa, ahí andaba yo muy voladita en mi trabajo perfecto (para esa edad). 

Esto cambió unas semanas más tarde, no estoy segura del tiempo exacto, lo que sí sé, es que fue algo de lo más feo que me ha pasado.

En la tienda había un hombre, en ese entonces mucho mayor que yo, tendría unos 35-38 años, era delgado, bajo de estatura, moreno, rapado y tenía bigote, pero lo que más recuerdo de él es su mirada.

"El Julián" tenía una mirada fuerte, fea, de loco, profunda, muy fea, era el guardia de seguridad del lugar, estaba asignado a cuidar el área de maquillajes, es ahí donde existe más perdidas por robo en todas las tiendas.
Mi departamento de juguetería estaba muy alejado del de maquillajes. El señor iba hasta mi lugar y sólo se quedaba viendo.

Así pasaron días,  era muy incómodo que estuviera ahí parado como loco sólo viendo, no entendía qué quería o qué fregados pretendía.

Un día el loco jodido, se dirigió a mi, y me empezó a preguntar cosas personales:
 -¿Cómo te llamas?, ¿Qué edad tienes?, ¿Tienes novio?.
Yo muy fríamente le respondí sus dudas, mentí en algunas, dije que tenía 18 porque me podían correr sí se enteraban que era menor de edad.
Como pude le saqué la vuelta, me retiré, no lo quería ver más, uno presiente cuando las cosas no van bien con alguien.
Me dediqué a trabajar y no le daba importancia, a veces lo veía dirigirse hacia mi desde lejos, y me ponía muy nerviosa.
Otras veces lo sorprendía entre la mercancía observándome con esos ojos de loco, con esa mirada horrible. ¡El hombre era un loco! todos lo sabían y nadie me había advertido.
En ocasiones iba y me preguntaba cosas, yo no quería hablar con él, pero no entendía, insistía, eso era acoso.
Así pasaron varios meses, todos los días el jodido viéndome, tratando de hablarme, escondiéndose entre los juguetes para observarme, yo era una niña, no había (ni hay) nada que ver, pero hay mucha gente loca.

Literalmente me provocaba pesadillas, mi empleo perfecto se había convertido en un infierno.
En una ocasión, después de mi día de descanso llegué a mi trabajo, el loco se dirigió a mi, esta vez con demasiada seguridad.
Lo primero que me dijo fue: - ¿Que andabas haciendo en el Centro ayer?
Yo pensé que sería una casualidad y que le atinó al lugar donde yo andaba por casualidad.

Pero no, después de esa pregunta me empezó a hacer más: -¿Por qué te saliste de tu casa sí yo no te di permiso?
-"No vas a hacer lo que tú quieras, me tienes que respetar", yo todavía no entendía lo que pasaba, pero estaba muy nerviosa.
-"¿Quieres mucho a tu hermana verdad? ¿No te gustaría que le pasará nada?, te vi con ella todo el día", me dijo.
Eso me puso la piel de gallina, me dio mucho miedo, entendí su amenaza, el acosador me había estado siguiendo en mi día libre.
Luego vino un: -Ya sé dónde vives y no me vas a hacer tonto, no quiero que hables con nadie, se creó alguna historia rara en su mente enferma.
Yo hasta ese entonces no le había dicho nada a nadie, sentía que podía controlar la situación ignorándolo, qué equivocada estaba.

Estuve como una semana sin dormir, imaginando que el bato llegaba a mi casa, escuchaba ruidos y pensaba que era él, no quería salir.
Pensé muchas veces en decirle a mis papás, pero me daba pena, no quería preocuparlos.

Yo ya no era la misma, en el trabajo sufría mucho, el loco acosador seguía checandome, haciéndome caras de lujuria, molestándome.
Ahí tenía un amigo, un joven de unos 24 años, muy bonachón, era el que pintaba los carteles de ofertas, me animé a contarle lo que sucedía.
Él, que tenía ya mucho tiempo de trabajar en la tienda, dijo que ya lo conocía y le gustaba acosar niñas.
El error fue que una vez, una jovencita cayó en sus redes y se puso de novia con él loco, eso aumentó sus niveles de maniaquez.

Sintió que sí una ya lo habían pelado, pues sería fácil que las demás lo hiciéramos, ¡se topó con pared a la bestia!

Mi amigo, se molestó mucho y me dijo que iría a decirle algo al jodido, yo le dije que no lo hiciera, me dio mucho miedo, le supliqué que no hiciera nada, que no sabía que podía pasar, el acosador me había amenazado.

Me dijo que estaba bien, que no haría nada, pero me mintió, supe que fue a decirle que me dejara en paz, que yo era una niña y él un viejo.
¿Cómo lo supe? Fácil, el acosador fue a hacerme una escena de celos.
-"Ya me dijeron que estas harta de mi, ¿Es tu novio?, dile que lo voy a quebrar, tu eres mía", me repetía muchas veces.
¡Vamos mucho a la fregada! dije yo, esto se va a acabar aquí mismo, por fin me armé de coraje.
Por una vez en meses no dejé que su mirada de maniaco me hiciera chiquita, le grité, le dije que me dejara en paz, que no me molestara más porque lo iba a matar a la bestia, me tenía bien harta, se me metió el diablo pa' acabar pronto.

El acosador no sabía dónde meterse, algunos trabajadores se dieron cuenta de mis gritos, y se acercaron, alguien le habló al gerente, que trató de calmarme y nos llevó a su oficina.

Frente al guardia maniaco le conté lo que había estado pasando, él negaba todo.
-¡Se acabó, se va él o me voy yo! Fui clara.
El gerente le explicó al jodido que era mejor que renunciará y que no volviera a molestarme, podría haber consecuencias legales.
Me volteó a ver y firmó su renuncia, yo volví a mi trabajo, más relajada, pero aún incomoda, al poco tiempo decidí renunciar también y dedicarme a la escuela.

Ese trauma me duró mucho tiempo, poco a poco se me fue pasando y volví a mi vida normal.

De ahí aprendí a no dejarme, a hablar las cosas, nadie me va a andar acosando, sí digo que no, es no y a la bestia con todo.


No se dejen y sí están sufriendo de acoso laboral en sus centros de trabajo acusen y friéguense a quién se atreva a molestarl@s.