jueves, 27 de agosto de 2015

Gajes del oficio periodístico


Tenía yo muy poco tiempo de haber entrado a laborar como reportera al periódico El Imparcial, era muy joven e intrépida, sentía que podía sacar adelante cualquier nota o reportaje.

Un día normal de trabajo se convirtió para mi en uno de los días más memorables y conmovedores que he pasado a lo largo de mi vida.

Lo recuerdo bien, era un domingo por la tarde y me preparaba para salir de la oficina de redacción rumbo a mi casa para descansar antes de iniciar el lunes, pero una llamada evitó que me fuera.

Mi editor me mandó llamar, me comentó que finalmente después de varios meses en agonía, un joven de 19 años había fallecido al no superar las heridas que sufrió en un choque en el que había participado.

El caso fue muy sonado en Hermosillo, Sonora, cinco adolescentes habían salido de fiesta a la playa de Bahía de Kino, bebieron alcohol y decidieron regresar a sus casas en ese estado.

En la carretera tuvieron un fuerte accidente que acabó al instante con la vida de cuatro de ellos, el último pasó cerca de dos meses en estado crítico en un hospital local.

Mi jefe me solicitó acudir al Panteón Municipal donde sería enterrado el cuerpo, ahí debía buscar reacciones de los familiares y hacer una nota para tratar de hacer conciencia en el resto de la población sobre lo que ocasiona beber y conducir.

De momento pensé que lo podría lograr, pero conforme me acercaba al cementerio le daba vueltas a mi cabeza pensando cómo podría llegar con esa familia y así de la nada pedirles declaraciones, me empezaba a mortificar.


Finalmente llegué, sola, cansada, asoleada y agobiada por el calor del verano y también por el momento tan incomodo que me tocaría vivir.

Los familiares, amigos y conocidos del jovencito rodeaban su ataúd, le lloraban y en un carro pick up con las puertas abiertas, programaban la música favorita del muchacho.

De no ser por mi grabadora y libreta en mano, hubiera pasado desapercibida, la gente se comenzó a inquietar con mi presencia, hacían comentarios y yo me iba haciendo chiquita, estaba invadiendo un momento de dolor ajeno, yo no tenía derecho a estar ahí, era muy comprensible la molestia.

Ubiqué a alguien que no me observaba con odio para pedirle ayuda, era una joven prima del fallecido, le dije que necesitaba hablar unos minutos con la madre de familia, quien por supuesto no quería alejarse del ataúd de su hijo y no cabía en su dolor ¿Qué estaba haciendo yo ahí? Me dolía estar en ese lugar y  pidiendo una entrevista.

La joven se acercó a su tía y le dio mi mensaje, otros familiares escucharon y fueron a reclamarme, pero la señora fue a calmarlos y estuvo dispuesta en medio de su dolor a dar un mensaje a la población.

Me dijo que por favor pusiera en mi nota que no manejaran borrachos, que no deseaba el dolor que ella tenía para ningún papá, recordó a su hijo como un muchacho alegre y amiguero, se me partía el corazón.

Agradecí a la señora, me disculpe por estar ahí en ese momento y molestarla, le dí el pésame y salí del lugar, me sentía muy mal, pero utilicé ese sentimiento para redactar mi nota en el camino a la oficina.

Dejé mi material para que fuera publicado y me retiré a mi casa ya entrada la noche, seguía con esa congoja de ver sufrir a muchas personas por la muerte trágica de prácticamente un niño.

 Al día siguiente vi que mi escrito ocupaba un espacio en la portada del periódico que se distribuye a nivel estatal, mi jefe se acercó a mi y me comentó que eso esperaba de la nota, algo emotivo para crear consciencia, yo seguía con el corazón estrujado. 

Ese tipo de situaciones las llevo muy guardadas en mi memoria porque representan un aprendizaje enorme y no hablo de lo profesional solamente, sino como persona, quienes hayan pasado algo similar me entenderán. 


jueves, 20 de agosto de 2015

El pizzero bailarín



Hace unos días una amiga me invito a comer pizza, teníamos mucho tiempo sin vernos y me pareció una buena opción, me comentó que uno de los cocineros era su amigo y que nos prepararía una pizza especial, obvio por ser conocidos.

Llegué yo muy contenta lista para iniciar con el chisme con mi amiga para ponernos al día, en lo que nos acomodábamos llegó el cocinero a saludar y a preguntarnos qué era lo que queríamos probar esa tarde.

Por educación y sentido común lo saludé, nos presentamos y le pedí que me diera algunas recomendaciones para elegir la mejor y más deliciosa pizza, ya que yo no conocía el lugar.

Platicamos unos minutos sobre pizzas y vinos, una platica casual entre mesero y comensal, yo quería probar una comida deliciosa porque además me andaba muriendo de hambre, a fin de cuentas hice mi orden y me dispuse a ponerme al día con los mitotes entre mi amiga y yo.

La sesión de preguntas y respuestas entre mujeres fue interrumpida minutos después por el mesero, llegó con la pizza, bebidas y una ensalada, se veía muy bien todo, yo ya no quería hablar sólo quería comer.

Apenas iba a iniciar a comerme mi rebanada de pizza cuando llega el mesero nuevamente, pero esta vez con su plato de carne con papas, frijoles y tortillas de harina a pedir espacio en MI mesa, donde pretendía tener una tarde especial de comadres (En esas juntadas no se permiten hombres porque hablamos de ellos).

Por educación y al ser amigo de mi amiga le permití que se sentara, empezó a preguntarme cosas y a hacer platica, resultó conocido de otros amigos míos, yo un poco incomoda contestaba y convivía con ellos dos, la verdad yo iba a otra cosa a la pizzería, no ha convivir con extraños.

Total que al final de cuentas la pizza me encantó, no le puse ningún pero y así se lo hice saber al morro, le dije que sí estaba muy bien preparada y tenía muy buen sabor, las clásicas adulaciones que todos hacemos cuando nos gusta algún alimento.

Él amablemente me dijo que podía anotar su teléfono para cuando se me ofreciera le marcara o le mandara un mensaje de texto para ir preparando la pizza o para algún evento especial, ya saben cosas de negocios, no me pareció nada raro, anoté el teléfono en el block de notas de mi celular y le puse "pizzería fulanita de tal", ¿me explico? Ni siquiera anoté el nombre del bato ni mucho menos lo agregué a mis contactos.

Pasaron dos días de eso cuando el jodido ya estaba dando lata a mi celular, yo jamás se lo proporcioné, me dijo que se lo había pedido a mi linda y cariñosa amiguita, su conocida, por la cual fui a parar a esa pizzería.

Para no ser grosera le respondí su saludo de manera sobria, no quería que mal interpretará ninguna de mis palabras, pero no le importó, siguió dando lata y me invitaba a ir a su trabajo a visitarlo, ya ni siquiera a comer, él quería que lo visitara ¿Tendré yo cara de nini como para andar metida en una pizzería sin nada más que hacer en la vida? 

Le dije de la forma más educada que no podía, que en esa ocasión fui a parar ahí por mi amiga, pero que no suelo salir a las pizzas frecuentemente, que fui a cenar con mi amiga de manera casual.

Creo que no le importó y lanzó su pregunta matadora que todos los hombres se las ingenian para hacerla en algún momento: "¿A poco tan checada te tiene tú novio que no te deja salir ni a las pizzas?". (Jajajajajaja perdón pero me dio mucha risa).

Yo ya no respondí nada la verdad, me dan flojera esas actitudes en los hombres, siento que no es la forma adecuada de ligar a una mujer, podré parecer muy delicada pero la verdad no soy de las que se enamoran a primera vista o por lo menos nunca me ha pasado.

Dejé pasar el comentario y al otro día este muchacho pizzero bailarín del preguntón me dio los buenos días, no respondí nada, ya había captado yo para donde se estaba dirigiendo y preferí no darle alas involuntariamente, mi no respuesta no le hizo suponer nada, así que insistió más tarde y luego una vez más con mensajes muy fuera de contexto, decidí bloquearlo.

Con esta anécdota muy reciente, les quiero pedir hombres que no hagan historias de amor por el solo hecho de que por sentido común y educación tenemos que saludar, nadie queremos caer mal o dar una mala primera impresión, es normal que si te hacen platica se responda, no significa que por arte de magia y como vemos en las películas nos hayamos enamorado de ustedes o que les estemos dando oportunidad de faltarnos al respeto.

Me molesta mucho y ya me ha pasado en otra ocasión que por el hecho de ser amable y brindar un saludo y una simple platica, los hombres piensen que pueden iniciar con acosos hacia las mujeres y lo más grave aún es que piensen que uno les va a corresponder cuando ni siquiera los conocemos.

Los invito a reflexionar y si de verdad les gusta una muchacha, primero sean sus amigos, trátenlas bien, dense su tiempo para enamorarlas y después cuando vean que el gusto es por ambas partes traten de iniciar una relación, no pueden ir por la vida lanzando chicles a ver cuál se les pega.

¿Piensas que soy una enfadosa,delicada, jodida? Házmelo saber.

O por el contrario ¿Piensas que tengo un poquito de razón? 
Dime tu opinión.




lunes, 17 de agosto de 2015

Hermosillo de mi corazón.

Hermosillo de mi corazón 

"Hermosillo era más bonito antes", es una frase que se ha vuelto recurrente en mí, desde hace ya algún tiempo.

Veo la ciudad en donde nací y me duele ver en las condiciones en la que se encuentra, los malditos baches que arruinan las calles, la basura tirada en cualquier esquina y el vandalismo que ha hecho de nuestras áreas públicas un desastre, se ve feo Hermosillo y nos vemos feos nosotros.

Todo lo que pasa en nuestra ciudad es responsabilidad de las autoridades, pero también es nuestra culpa, no tenemos pavimento decente porque no hemos sabido exigir a quien se debe que nos responda adecuadamente y los gobernantes  no han sabido invertir de manera inteligente, ni qué decir de quienes prefieren echarse el dinero del erario a sus bolsas.

La ciudad me duele y sufro al recordar que antes teníamos más árboles, más zonas verdes de verdad y no pasto sintético, que si bien sirve para darle otro aspecto a algunas áreas, no nos da oxígeno.

No entiendo quién será el o los ocurrentes de planear una ciudad sin árboles, una ciudad  que en poco tiempo podría ser inhabitable por la falta de agua y oxigeno.

Extraño lugares como el parque de Villa de Seris antes de que existiera musas, iba ahí con mis hermanos y nos sentíamos en un pequeño bosque, ahora está ese elefante blanco y  árboles secos que dejaron ahí a su suerte.

¿Dónde están los árboles de naranjas que propiamente le dieron nombre a nuestro equipo de béisbol? Debían llamarse los Cementeros de Hermosillo o algo más acorde a la ciudad, a lo mejor algún nombre relacionado a los baches también podría funcionar.

Me acuerdo mucho del parque Madero, con grandes árboles que aún existen, sin embargo fueron talados algunos durante el proyecto de rehabilitarlo, proyecto en el
que se olvidaron de darle un buen mantenimiento, todo se queda en el olvido.

El problema de la basura en las calles es serio también, no es posible que aún se vean personas en plenos bulevares arrojando basura desde sus carros al pavimento, ¿qué tendrán en la cabeza?

Muchos no saben cómo reaccionar cuando ven a alguien tirando basura en la calle o rayando bardas, yo personalmente he llamado la atención a ese tipo de gente inconsciente, he corrido con suerte y se apenan por su actuar, pero es posible que alguien no lo tomé de esa manera y algún día me toque alguna mentada de madre y la verdad no me importaría.

Me gustaría que las personas, en especial los jóvenes, adoptarán una nueva forma de ver y proteger el medio ambiente, debemos aprender a cuidar y valorar lo que tenemos, porque a fin de cuentas y aunque no lo creamos, toda la ciudad es nuestra. 

domingo, 16 de agosto de 2015

¿Por qué elegí el periodismo?





Es especial lo que voy a contar, tengo sentimientos encontrados y al mismo tiempo siento orgullo, son cuestiones de culturas y pensamientos que muchos de nuestros padres mayores de 50 años adoptaron por imitación y eso lo comprendo y lo asimilo como debe de ser, sin repartir culpas y ya sin rencor.

Desde muy pequeña mi padre me contagió su gusto por las noticias, todos los días salía muy temprano a comprar sus periódicos, en aquel entonces eran El Imparcial, El Independiente y El Cambio, los tomaba entre sus manos, encendía la radio para escuchar el noticiero más popular y tomaba su café.

Al llevarnos a la escuela seguía con la radio del carro encendida en cualquier estación de noticias locales y nacionales, siempre le ha gustado estar informado de todo lo que ocurre y opinar al respecto.

Yo soy la segunda hija de cinco hermanos, tres de ellos hombres y por mucho tiempo yo fui la única mujer, mi papá chapado a la antigua, siempre prefirió la compañía de los niños y no la mía.

La única manera que yo encontraba para estar cerca de él fueron las noticias, cuando el iba dejando cada sección del periódico yo la iba tomando y leía lo que a él le había llamado la atención.

Pensaba que de esa manera tenía un vínculo con él, aún así sentía esa batalla de niña tratando de buscar la atención de su padre, un padre que pensaba que las niñas deben recibir la atención de la madre exclusivamente.

Así fue como crecí, todos los días leía los periódicos y escuchaba cada noticia, cada vez con más atención y desarrollaba mi propio criterio, mi capacidad para redactar y leer se desarrollaron a un nivel tan alto que siempre era elegida para participar en concursos de cuentos, poesía oratoria o lectura. Gané varios de ellos, mi padre seguía sin mostrar su orgullo hacia su hija mujer.

En secundaria y ya con varias experiencias redactando, escuché una convocatoria para formar parte del primer periódico escolar llamado "Nokia", vendrían maestros de la Universidad de Sonora a darnos un curso durante los sábados para convertirnos en mini reporteros, yo era la más entusiasmada al respecto del proyecto.

Durante dos meses aproximadamente asistí los sábados a tomar el curso, yo tenía muchas ideas, quería entrevistar a los más inteligentes de la escuela y publicar historias, mientras otros niños pensaban en hacer "chismografos" y una sección de recaditos para declararse ante los muchachitos que les gustaran, no podía entender esa pérdida de espacio en nuestro periódico escolar.

Después de un largo proceso, reuniones y discusiones, hicimos nuestro periodiquito, salí en la portada junto a mis compañeros y maestros, nos presentaban como los nuevos reporteros, editores y diseñadores de ese medio informativo.

Recuerdo que llevé varios ejemplares a mi casa, los repartí con mis vecinos y familiares, a todos les causaba gracia la destreza que yo presentaba, excepto por mi papá.

La rutina de leer los periódicos por las mañanas continuaba, era un ritual, él leía sección por sección, la dejaba en un lado del sillón y yo las iba tomando para leer.

En algunas ocasiones se descuidaba y yo veía y hojeaba el periódico antes que él, y eso le molestaba mucho, yo estaba interrumpiendo ese ritual perfecto de todas las mañanas, pero es que yo no me resistía las ganas de leer las noticias más recientes o darle seguimiento a la que había leído el día anterior.

Poco a poco se fue convirtiendo en mi pasión, en preparatoria continúe con ese ritmo, seguía ganando concursos de cuentos y hasta poesía, un genero que no me gustaba mucho porque sentía que debía desnudar mis sentimientos y eso me daba miedo.

Todo ese material lo perdí, tengo recuerdos vagos de poesías que redacté en clases, y las ideas fijas de los cuentos cortos que redactaba incluso a altas horas de la noche cuando me despertaba con una buena idea de historia.

Nadie le daba el valor que yo quería que tuvieran mis trabajos y por lo mismo no me importaba desaparecer los que había escrito en hojas de cuadernos. Ahora me arrepiento mucho de eso.

Ya para entrar a la Universidad y con la moral un poco baja ante la poca relevancia de mis escritos, decidí estudiar derecho y olvidar mis convicciones de escribir y contar historias, solamente duré unos tres meses en la escuela, no era lo mío, me decidí por irme a trabajar.

Al año siguiente me armé de valor, no importaba que mi papá no valorará mi esfuerzo por ser reportera, por escribir y por ser quien de verdad quería ser, yo le iba a demostrar que era buena y además me prometí que me iba a leer a mi como parte de su ritual matutino.

Entré a estudiar Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Sonora, desde el segundo semestre un maestro detectó mis habilidades y me envió a trabajar en el portal y revista de la institución, me tocó hacer hasta entrevistas para televisión, cubría todos los eventos culturales de la máxima casa de estudios en el Estado.

Durante ese tiempo además me dedicaba a trabajar los fines de semana para sacar adelante mis estudios, quería ser la mejor, ya tenía trazada una meta y estaba decidida a cumplirla.

Para sexto semestre inició mi especialización en periodismo, los mejores años para mí como futura profesionista, ingresé de llenó a los medios de comunicación y gracias a la dedicación obtuve mi primer empleo en un semanario político en las épocas de Eduardo Bours.

Al terminar la Universidad obtuve el más grande reconocimiento, mi papá acudió a mi graduación, reconoció mi esfuerzo y me acompañó a despedirme de la vida estudiantil para iniciar con la vida profesional.

Yo deseaba escribir en los periódicos que él leía, para cuando terminé mis estudios universitarios el diario El Independiente ya tenía años de haber dejado de existir y El Cambio había cerrado sus puertas luego de un ataque con una bomba que estallaron en la puerta de entrada.

Me quedaba El Imparcial, el diario hasta la fecha más importante del Estado y del noroeste de México, yo no tenía tanta confianza como para ir a dejar mi solicitud, me sentía como una niña sin las suficientes habilidades para estar en un medio de tal calibre.

Recordé mis metas y cómo pude me armé de valor, cambié mis ropas negras por una blusa rosa pastel y fui a hacer un examen de ortografía y conocimientos generales que pedían como requisitos para poder continuar en la pelea de una vacante como reportera.

El examen larguísimo que parecía más bien como de ingreso a la universidad fue aprobado exitosamente, lo que me llevó a otras etapas que incluían entrevistas, exámenes y pruebas de todo tipo, todas las pasé, días después recibí la llamada que me confirmaba que había logrado ganar un espacio en ese medio.

Mi emoción era tan grande, lo había logrado, a pocos meses de haber egresado de la universidad tenía el empleo de los sueños, mi papá por fin vería mi trabajo impreso.

No fue hasta tres meses después de trabajar ahí cuando mi nombre Ana Isabel Zepeda, pudo ser plasmado arriba a la izquierda de mis notas y reportajes, en ese entonces había que ganarse el lugar y estaba a prueba.

Mi papá por fin demostró su orgullo de que su hija, estaba escribiendo, además sus notas eran mencionadas por conductores de la radio que me daban el crédito al leer la información del periódico.

Tiempo después mi padre me pidió perdón, se dio cuenta que durante mucho tiempo le negó su atención, pero no por eso su amor, los padre siempre van a querer a sus hijos aunque a veces no sepan cómo demostrarlo.

Hoy puedo decir que gracias a mi papá yo soy una profesionista, involuntariamente él me ayudó a querer ser alguien y demostrarle por medio de mi trabajo el amor de hija que le tengo y yo aprendí a no juzgar,  él no tiene la culpa de la educación que le dieron sus padres y que estuvo dispuesto a cambiar.






jueves, 13 de agosto de 2015

¿Tú qué sientes con la música?





La música como a muchos de ustedes que leen esto me ha marcado la vida, y a pesar de que aún no toco ningún instrumento he estado muy ligada a ella, es algo que está conmigo, que me  llena de sentimientos y me da energías en mis peores y mejores momentos, escucho todo tipo de música y no me encasillo en ningún género, aunque por muchos años fui metalera extrema.

Mi entrada de lleno al mundo del metal y la música, fue a los 14 años, estaba yo en preparatoria y tenía amigos un poco más grandes que yo, ellos me mostraron un estilo musical que de inmediato me marcó hasta la fecha.

Antes de eso, escuchaba involuntariamente  a los  Tigres del Norte, Lorenzo de Monteclaro, en fin, todo tipo de música norteña que escuchaba mi mamá cuando se ponía a limpiar la casa, esporádicamente escuchaba o veía conciertos de Queen porque mi papá es fan, además  tenía un vecino que rentaba equipo de sonido, así que me chutaba todas las canciones de boda y quinceañera que existen, incluyendo a Selena y Los Dinos y Tropicalísimo Apache.

También escuchaba a las  bandas y artistas del momento como Backstreet Boys que hasta la fecha me gustan, fueron mi placer culposo y secreto por muchos años, Britney Spears, Christina Aguilera, Marron 5 y todo tipo de bandas que rifaban en canales como MTV y radios comerciales.

El momento cumbre, en el que sentí que algo cambió en mí, fue una tarde al salir de la escuela, unos compañeros me invitaron a escuchar música, le dieron play a una vieja computadora y escuché aquella voz un poco chillante y acordes muy poderosos, -"Son Cradle Of Filth", me dijo mi amigo que aún conservo hasta la fecha, en ese entonces él se ponía todas las pulseras de picos que podía y ocultaba su cabello un poco largo entre litros de gel.

Se hizo costumbre que todas las tardes al salir de la escuela nos fuéramos a esa casa a escuchar música, estaban muy de moda Dimmu Borgir, Slipknot, Korn y bandas más comerciales como Limp Bizkit  y tiempo después Linkin Park, no digo que me gustarán todas, sólo hago un recuento de lo que sonaba.

La música más que simple sonido, representa para mí, momentos, etapas y situaciones por las que he pasado, algunas tristes y otras alegres, otros simplemente instantes que ligo automáticamente con alguna canción o banda.

Y es que si no me hacen sentir lo que están tocando o cantando, para mí no funciona , yo escucho música para sentirme viva, para darme ánimos y debes en cuando para deprimirme un poco, hay cantantes que me gustan y me hacen reír como María Daniela y su Sonido Láser, con esa simplicidad que llega a parecer tonta para muchas personas, pero también hay bandas que me llevan a las lágrimas como Agalloch, Katatonia, Ophet, Amorphis y Anathema con letras llenas de inspiración y melodías hermosas.

Para cada banda tengo una memoria, una anécdota relacionada a alguna persona o una situación que les da un valor especial a cada canción que escucho.

Soy melómana, me gusta saber por qué se escribió tal o cuál canción, qué es lo que se quería transmitir con la letra y después darle mi propia interpretación llena de emociones.
Con el tiempo uno madura también en sus gustos y aprendí a no odiar la música, cualquiera que sea el género, aunque no puedo evitar que no me agraden los géneros trova y salsa, aunque si los tengo que escuchar por cualquier motivo no les hago el “fuchi”, la cultura tiene gustos para todos y es amplia.

Para no hacerles el cuento largo quiero confesarles que mis artistas favoritos del momento son  Agalloch, Katatonia, Rihanna, Drake, Hocico, And One, Los Invasores de Nuevo León, Cartel de Santa, entre muchos, muchos otros.


Es interesante observarme a través de los años y ver cómo mi mentalidad ha evolucionado a un punto en el que  apreció y reconozco el talento de artistas y creativos para generar algo que nos da vida, recuerdo que una vez leí en algún artículo de un medio  internacional donde se aseguraba que la música cambiaba los latidos del corazón, ese órgano vital se coordina con la música que escuchas y también con el cerebro, me parece fascinante.

martes, 4 de agosto de 2015

Razones por las cuáles me da miedo ser reportera:



*Número uno y la más importante, porque nos asesinan, desaparecen y amenazan.

Hace tiempo tuve la fortuna de asistir a  un curso de la Procuraduría General de la República (PGR) impartida por personal de la Fiscalía Especializada en Delitos Contra la Libertad de Expresión, ahí nos exponían dos citas y teníamos que defender una, la primera :"Si el diablo me ofrece una entrevista voy a los infiernos", del reconocido periodista Julio Sherer, la segunda decía: "No hay una nota que valga la vida" de Terry Anderson, las recuerdo muy bien porque me identifiqué con las dos.

La primera me representa a mí en una etapa muy temprana de mi carrera periodística, yo al igual que muchos quería brillar, descubrir y desenmascarar funcionarios corruptos, ciudadanos deshonestos y toda la mugre que vemos a diario.

Me movía esa rebeldía natural en los jóvenes, no me importaba pasar por el mismísimo infierno con tal de obtener una nota que fuera replicada, comentada y hasta cuestionada.

La segunda cita me lleva a mis últimos años como parte activa de los medios de comunicación en mi ciudad al ver compañeros agredidos, medios que me limitaban, reporteros desaparecidos y compañeros asesinados por todas partes de la República, el último caso el de Rubén Espinoza, que es el que me trae a redactar esta reflexión.

Hoy yo no estoy dispuesta a dar mi vida por una nota, la vida es lo primero, a estas alturas no sería capaz de darle un dolor tan grande a mis familiares y conocidos. 

Posiblemente les pareceré cobarde, pero ante la ineficiencia de las autoridades, la poca empatía de la ciudadanía y los casos que diariamente se siguen documentando, yo tengo miedo de ser reportera y el temor es válido y parte de la naturaleza humana, además este tipo de temor no es infundado, ni mucho menos imaginario.

Escribí esto desde fuera de los medios, desde un área de comunicación social donde muchos reporteros vamos a dar y nos sentimos más seguros en todos los aspectos.

Yo dejé los medios hace poco menos de un año y les confieso que pienso regresar de alguna manera, en algún tiempo no determinado aún, el mundo da muchas vueltas, ya lo sabemos y yo tengo todavía ese impulso por escribir y por ver a donde sea que volteo una buena historia que contar.

*Número dos, El Futuro.

Me da miedo ser reportera y no ser una profesionista bien remunerada, en un inicio y bajo la creencia de que los reporteros tenemos algo de "locos" trabajamos por largas jornadas de tiempo mal pagadas, exigencias a las que yo llamaba "Las Perlas de la Virgen" por las condiciones que nos ponían para conseguir determinada información bajo demasiada presión o deshoras.

Además del gran riesgo que conlleva el sólo hecho de presentarse como reportero o periodista, hay que sumarle el estilo de vida que estamos casi obligados a llevar, con precariedad y dificultades si decidimos ser honestos y no caer en malas prácticas como vendernos por dinero a diferentes agrupaciones, empresas o grupos políticos.


No me parece correcto que a pesar de ser egresados de universidades, tomar cursos o estar en constante preparación, los sueldos sean tan deprimentes.

La profesión es una de las más bonitas, yo lo he vivido y sé que no pude haberme dedicado a otra cosa.



*Número tres: Que las cosas nunca cambien.

Desgraciadamente en mi tiempo de reportera activa en medios no he visto grandes cambios en las condiciones de trabajo para los reporteros.

Tampoco he visto diferencia en la protección y el resguardo de su seguridad y su vida, además de las de sus familias que muchas veces son víctimas de represalias de diferentes tipos.

Las nuevas tecnologías nos facilitan el trabajo pero los riesgos se maximizan, reporteros y personas en general estamos expuestos a ser identificados, perseguidos y atacados hasta por redes.

Me da miedo que las cosas se queden así, que a pesar de que existen leyes, fiscalías y denuncias, no haya castigos, enjuiciados o castigados.

Conclusión:
Deben existir algunos otros miedos que tenemos o que hemos tenido quienes se dedican o nos hemos dedicado a reportear, a corretear las notas en las calles, los de a pie, los que sufrimos del intenso verano en Hermosillo y los que fuimos ignorados por los entrevistados, situaciones propias del oficio periodístico, no me quiero ver sufrida, ¡Porque ah cómo disfrutamos lo que hacemos! 

Yo me defiendo y defiendo a mis compañeros (Los que se lo merecen, claro está) con una cita de Ryszard Kapuscinki "Una mala persona nunca puede ser buen periodista" de su libro, (uno de mis favoritos en mi etapa universitaria) LOS CÍNICOS NO SIRVEN PARA ESTE OFICIO; Sobre el Buen Periodismo.

Somos buenos y no merecemos morir en el ejercicio de nuestra labor. 

Soy Ana Isabel Zepeda, licenciada en Ciencias de la Comunicación, especializada en Periodismo por la Universidad de Sonora, con 8 años de experiencia en medios de comunicación en el Estado de Sonora.