miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014.



Este año fue difícil para mí, afortunadamente ya se acabó y es justo y necesario empezar otra vez, sentir que comenzamos de cero.

2015 te doy la bienvenida con algunas pérdidas en mi vida pero con la convicción de salir adelante y no cometer los mismos errores.

Este año al que sólo le quedan unas pocas  horas se lleva unos cuantos "amigos", promesas, un empleo que me gustaba, pero que ya me tenía un poco cansada y algunos sufrimientos. 

Fue un año cansado, un tiempo de búsqueda y de revelación de verdades, quién se tenía que ir de mi vida lo hizo por su propio pie  y me da la oportunidad de un nuevo comienzo.

Si fueras un genio 2015 y me concedieras deseos, te pediría valor y consciencia para afrontar y superar situaciones que hasta la fecha me siguen afectando.

Abusando de la confianza pediría también un año tranquilo, lleno de salud para mi familia, para ustedes que leen y para mí, y un empleo a la medida de cada uno.

Pido también que gente buena y honesta se cruce por mi camino, gente de la cual pueda aprender y que no se vayan a la primera.

Decepciones siempre vamos a tener en esta vida, pero 2014 fue el año en el que conocí de cerca como es que las personas pueden defraudarte de mil maneras.

De todo se aprende y creo que por un año malo viene otro bueno para compensar las tragedias, así será.

Cierro este año tranquila, después de todo, entendiendo el por qué pasan las cosas en nuestras vidas y por qué tenemos que aprender a sobrellevarlas. 

Agradezco de corazón a las personas que se han quedado conmigo, a las que he conocido y que iniciarán un nuevo año junto a mí.

Les deseo que sea un año nuevo espectacular, donde cumplamos nuestras metas, y donde podamos dejar el pasado atrás para llegar liberados y sin cargas al nuevo comienzo. 

Ahora sí, vámonos a la fiesta, gracias, muchas gracias. 

Feliz Año Nuevo 2015. 

sábado, 27 de diciembre de 2014

Sobreviviente del cáncer.



Hace ya 30 años su vida fue salvada por una operación en la que le extirparon el seno derecho, pero su lucha no terminó ahí, hoy Consuelo Patricia Mada Duarte, se dedica a apoyar a quienes sufren cáncer de mama.

Con orgullo recuerda como fue que a los 28 años, mientras se bañaba, sintió en uno de sus pechos un pequeño bulto que alertó a su familia, por lo que fue llevada rápidamente al Hospital General del Estado de Sonora, donde le dieron el diagnóstico.

Ella fue fuerte, junto a su familia, amigos y vecinos, realizaron actividades para que pudiera viajar a Estados Unidos a que se le practicará una operación que en aquellos tiempos era mucho más complicada a las que ahora conocemos.

Después de tres meses de internamiento, Consuelo Patricia fue dada de alta, no sin antes pasar por el proceso de quimioterapias y todo lo que eso implica.

Hace siete años, la sobreviviente escucho en la radio sobre una colecta de brasieres con el fin de hacer consiencia en el resto de mujeres sobre la importancia de la autoexploración, ahí conoció el grupo Cucas, al que pertenece.

"Yo escuché algo de una colecta de brasieres, yo quería ayudar, agarré uno y lo eché en una bolsa de regalo, lo lleve y desde entonces estoy aquí", comentó mientras realizaba pequeños prendedores en forma de prenda femenina.

Después de haber pasado por esa experiencia y vivir para contarla, Consuelo Patricia reflexiona sobre la necesidad de que las mujeres se revisen y acudan a los centros de salud para asegurarse que se encuentran en perfecto estado, o bien atenderse a tiempo en caso de encontrar alguna falla.

"Que le echen ganas a la vida y  ha cuidarse, explorarse, si ven algo más nos da miedo y eso es lo que no queremos, tenemos que ir al doctor", invitó la afortunada mujer.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad... O no.

Siempre he tenido muy mala suerte en los intercambios navideños, algunas veces me he quedado esperando mi regalo y otros me han obsequiado cosas raras.

Desde hace ya varios años, decidí no volver a entrar a ningún intercambio, prefiero autoregalarme algo que me guste mucho. 

A pesar de que te dicen que no digas el nombre de la persona a la que le vas a regalar, siempre se sabe porque todos andan preguntando qué le pueden regalar y así corren los chismes. 

Pues una vez me enteré que me iba a regalar el morro que me gustaba, no lo podía creer pero estaba bien contentísima y voladísima.

Una semana antes de que fuera la posada yo ya andaba buscando la ropa que me iba a poner, definiendo maquillaje, peinado y todas esas cosas de mujeres.

Quería estar reluciente para el momento en el que el muchacho me diera mi regalo y obvio aprovechar y abrazarlo, a lo mejor y se daba cuenta que me gustaba.

Llegó el día de la posada, llegué al lugar lo más guapa que pude, me esmeré la verdad, tenía todos los detalles prácticamente controlados. 

A mi me había tocado regalarle a una amiga, para quedar bien ante los demás le compré un buen regalo, ropa fue lo que se me ocurrió, un poco más costosa del precio previsto en el intercambio. 

Le di su obsequio y le gustó, se quedó conforme y el resto de los asistentes reconocieron mi esfuerzo por quedar bien. 

Estaba yo bien nerviosa, ya era mi turno de recibir mi regalo, ¿qué me regalaría el guapo? No nos conocíamos bien y no me podía imaginar que me habría comprado. 

Dijeron: que pase la persona que le va a regalar a Ana Isabel, me alboroté y ligeramente miré al guapetón, ¡pero no se movía el hombre!

De dónde menos me lo esperaba salió un morro apodado "El Lupito", con una cajita de regalo para mi, me la daba y yo no sabía qué onda.

El Lupito me estiró los brazos para darme mi apapacho navideño y todos nos empezaron a hacer carrilla, sufrí mucho. 

Me fui a mi mesa a abrir mi regalo, era la típica  cajita musical con una muñequita bailarina y un espejo, no me gustó, estaba enojada. 

Mi "Santaclós" fue a preguntarme sí me había gustado y yo me porté muy mal con él (Me arrepiento, fui muy mala), le reclamé y le dije que el guapo era quién me iba a regalar y no él. 

Entonces fue ahí cuando me dijo que el morro le pidió de favor que le cambiará a la persona,  porque el Lupito tenía a la que le gustaba.

Destruida me fui a la casa y... estrellé la cajita musical-joyero ¿para qué fregados la quería? (Fui mala, ya sé).

Así fue como una Navidad me quedé sin regalo, sin el morro que me gustaba y unos cuantos pesos más pobre.

Después de ese coraje decidí nunca más volver a intercambiar regalos, más vale prevenir que lamentar. 

¡Feliz Navidad! 


domingo, 2 de noviembre de 2014

"Mi primera vez en el cine".



Lo recuerdo claramente, tenía yo 10 años de edad, casi salía de quinto año de primaria y tenía una maestra practicante.

Esa muchacha estudiante de la normal, realizaba sus prácticas profesionales en una escuelita llamada Ejido Villa de Seris al Sur de Hermosillo.

La maestra era muy buena y fácilmente se encariñó con sus alumnos, nos amaba y no quería despedirse de nosotros.

Una semana antes nos propuso ir todos al cine como despedida.

Yo me alboroté muchísimo, quería ir de verdad, nunca había ido, en la casa éramos muchos hermanos y poco dinero para ese tipo de salidas familiares.

Durante toda esa semana me porté muy bien en mi casa, porque quería que me dejarán ir a despedir a la maestra y sobre todo a conocer el cine.

El viernes, salimos corriendo a nuestras casas y la maestra dijo claramente: "Los que van a ir al cine los espero aquí a las 3 de la tarde, cada quién traiga 50 pesos para la entrada y las palomitas".

Llegué a mi casa corriendo a pedirle dinero a mi mamá, ella no me podía dar ese dinero, le lloré, le supliqué, hasta que le di lástima y fue con la vecina a pedirle un poco de dinero prestado.

Así fue como me dio 30 pesos, para la entrada aunque sea, con eso fui muy feliz.

Me cambie y me vestí según yo muy fashion, no tenía mucho tiempo que había cumplido años y mi mamá me había regalado una pequeña mochila con flores, como las que usaba Fey y que todas las niñas queríamos.

La mía era muy corrientita, pero me hacia muy feliz, esa misma mochila la tomó mi mamá para guardarme unas galletitas en una bolsita de plástico.

Esto porque no llevaba dinero para las palomitas y mi mamá no quería que me quedará sin comer dentro del cine.

Me arranqué con mi mochila llena de galletas, bien contenta a la escuela, ahí estaban la mayoría de mis compañeros.

Nos fuimos en camión hasta el cinepolis que está por el Luis Encinas, era de los pocos que había en ese entonces.

Seleccionamos la película; "Space Jam" con Michael Jordan y los Looney Tunes, estaba tan emocionada.

Cerca de la sala, un muchacho estaba revizando las bolsas y mochilas de todos, me encontró mis galletas y me las quitó.

Entramos a la sala y yo no lo podía creer, era igual que en las películas y las caricaturas que veía en la tele.

La película, pues ya saben, toda una revolución para esos tiempos, me encantaba ver a los personajes interactuando con el dios del basquetbol.

Se acabó la función y todos a sus casas, durante días y días no paré de hablar de mi experiencia en el cine y lo feliz que fui.


domingo, 13 de julio de 2014

"El Chonte"

Por Ana Isabel Zepeda

Yo soy una persona nacida en el barrio de la Y griega, ahí pasé mi infancia en medio de los pleitos brutales entre los cholos de mi colonia y los cholos de la Piedra Bola, ahí muy cerca del puente del Nuevo Sonora de la salida a Guaymas.

Desde muy pequeña unos 5-6 años, cuando iba a la escuela primaria que pasa por el arroyo Las Víboras, una familia de cholos se sentaba en cuclillas, como cholos claro, a mirar a la gente pasar y a marcar territorio.

Eran unos 15 cholos, hombres y mujeres de todas las edades,el menor que era de mi edad acompañaba a sus familiares, le enseñaban a ser "barrio".

Entre apodos como "El Oso", "El Cayetano", "La Chuya", etcétera siempre retumbaba en mi cabeza "El Chonte",era el niño menor de la clica.

No sé por qué motivo, la familia de cholos tira barrio me eligieron a mi como su futura pariente política, tal vez porque vivía muy cerca y me veían a diario.

El caso es que un día cuando iba a la primaria, los cholos mayores le dijeron al "Chonte": "Mira guey ahí va tu novia".

Desde ese día la familia que se sentaba en cuclillas a las orillas del arroyo cada vez que me veían decían: "Ahí va la novia del 'Chonte'".

A mi me daban mucho miedo, todos lucían como maras salvatruchas, muy violentos y con la clásica fama de los ratas del barrio.

Tengo que decir que ese tal "Chonte" nunca decía nada, a lo mejor estaba más apenado que yo,muchas veces iban y lo sacaban de su cuartito para que me viera pasar, otras veces nos encontrábamos en la calle o en la tienda de la esquina comprando sabritas con tazos, el morrillo sólo bajaba la cabeza.

Pasaron los años y "El Chonte" empezaba a tomar los rasgos característicos de cualquier cholo, pantalones holgados, camisetas grandes hasta las rodillas y unos tenis que parecían negritos bimbo con suela blanca, aunque la timidez del cholito junior era la misma, no hablaba, no daba la cara nunca, sólo estaba ahí.

Pasé todos los 6 años de primaria con el acoso de los mocochangos esos, algunas veces mis papás les pagaban por limpiar el patio de mi casa.

Esas veces que iban a limpiar llevaban al niño, y ni en mi casa respetaban, ahí seguían con su cura de los noviecitos.

Algo curioso de "El Chonte" es que nunca fue a la escuela, nunca lo vi con un uniforme, siempre estaban en el arroyo en espera de violencia.

Eran comunes entonces los pleitos con otros cholos de diferentes colonias cercanas; Residencial Aquiwiki y Fraccionamiento Piedra Bola.

Seguimos creciendo, los cholos seguían en su mismo lugar, a veces menos porque estaban en la Peni, pero siempre salían rápido.

Me convertí en una adolescente, sin mucho chiste,sabía que por lo menos un cholo no se fijaría en mi apariencia física,siempre fui muy niña.

Sin embargo, los malandros mara salvatrucha no le paraban a su cura, qué jodidos estamos pensaba yo, aunque logré llegar a un punto donde sus palabras no me afectaban, sólo los escuchaba y seguía mi camino, después de tantos años se convirtió en algo normal.

Siguió pasando el tiempo,los malandros con tatuajes caseros bien chafas seguían entrando y saliendo de la cárcel, por robos principalmente.

A los 17 años inicié mi primer trabajo de adolescente en vacaciones de verano, en un súper al Sur de Hermosillo en el departamento de juguetes de una gran tienda.

Yo trabajaba en el turno de la tarde y la tienda cerraba a las 11 p.m. pero la salida de los empleados era a las 2 a.m o más tarde.

Yo vivía muy cerca de la tienda y al salir, un camioncito nos llevaba a nuestras casas, un día iniciaba por el Sur y otro por el Norte.

Cuando empezaba el recorrido por mis rumbos siempre era la primera en llegar a casa, pero si comenzaba al Norte era más de una 1 hora de camino.

Ese viaje innecesario lo sufría mucho, así que un día me hice la valiente y  le dije al chofer: -Aquí me bajo. 

Era justo la calle de cholos, una calle desolada y muy oscura porque ellos mismos quebraban los cristales de los focos públicos, les gustaba el anonimato de la oscuridad.

El chofer del camión me dijo: Son las 2 pasadas de la mañana morra, sí te bajas aquí es bajo tu responsabilidad, tienes que firmar la lista porque yo no me quiero meter en broncas. 

¡Fierro! dije yo, puse mi nombre y empecé a caminar con miedo, estaba muy oscuro, tan ensombrecido que casi no podía ver porque la escuela que estaba del otro extremo se quedaba también en penumbras.

Sin pensarla mucho me arranqué a la casa que estaba a una cuadra de donde me bajaba, sentí la adrenalina y pasos detrás de mi, también muchos perros ladrando, obvio los pasos no era nada más que mi mente jugando conmigo para que me apurara.

Llegué a mi casa y me sentía campeona de un juego extremo, libré a los cholos que parecía que descansaban entre semana.

Así me la seguí aventando,siempre con miedo, un día me dejaban hasta la puerta de mi casa y otro me bajaba y caminaba una cuadra a oscuras.

A los tres meses de estar en la chamba nos habló el jefe a los tres empleados que estábamos ahí y dijo: Este es su nuevo compañero Carlos.

Cuando me asomé a ver al nuevo, me sorprendí mucho: ¿Cuál Carlos?-dije yo. ¡Este morro es "El Chonte".

De volada me fui de ahí, no quería saber nada del jodido ese, le sacaba la vuelta y el nomás se reía muy coquetamente, iba vestido de cholo.

Un día mi abuela que vive en Los Ángeles (es chicana,por lo tanto medio chola...broma) me trajó hasta Hermosillo  unos tenis que sin saber impusieron moda...Pero moda en los cholos,  mis tenis originales causaron sensación en aquel cholito, fue su mejor oportunidad para acercarse a la morrita, la noviecita de la vida...¿Oye morra dónde compraste esos tenis?, están bien macizos, quiero unos, dijo "El Chonte" con su tono cholo.

Yo  después de un ratito de silencio dije: -Me los trajeron del otro lado, -Órale dijo el Chonte y se fue.

Ese Chonte me miraba mucho, bueno a mis tenis,se acercó de nuevo y me hacía más preguntas, hablaba raro, casi no entendía aquellas palabras.

Me intrigaba saber qué significaban frases raras que decía con mucho sazón el morro, me tenía al pendiente de su vocabulario.

Total que poco a poco el mentado Chonte y yo nos fuimos haciendo compas, hermanos de barrio.

Uno de esos días en los que yo tenía que caminar por la calle oscura de madrugada, quedé en medio de una pelea a peñascazos entre pandillas.

Del miedo que sentía, me quedé paralizada, no supe qué hacer, para dónde correr, ni siquiera me respondían las piernas, no sé sí les ha pasado.

De repente no sólo eran pedradas, se empezaron a escuchar balazos, y no veía nada, nomás sentía las piedras caer cerca de mi y un dolorón  de piernas, se me pusieron pesadas, inmóviles.

No supe en qué momento le ordené a mi mente que moviera mi cuerpo a la bestia, ya no podía estar ahí, de repente empecé a caminar, según yo lo más rápido que pude, pero no jalaban mis popotitos, luego pensé que esos jodidos malandros no me podían ver en la oscuridad.

A esa edad andaba tirándola de metalera maldita vestida de negro, así que creo que me camuflageaba en la oscuridad.

Después de una eternidad llegué a la casa, me metí a la cama y ahí me quedé con mi dolor inmenso de piernas, del susto empecé a tener sueños recurrentes al respecto que me daban mucha ansiedad.

Al otro día llegué a la chamba y le dije al "Chonte" del desastre que se traía su familia con cholos de la piedra bola, el morro me dijo: -"a huevo morrita, ahí andaba yo también, los morros de la Piedra Bola fueron a sacarnos pleito".

El "Chonte" me contó que no sabía ni porque era el pleito con los malandros de la colonia de enseguida, pero no los querían en la Y Griega y se estaban preparando porque habían herido a un jodido que fue a parar al hospital con la cabeza quebrada.

A fuerzas iban a seguir los pleitos, iban a ir los cholos a buscar bronca, así que dije  -bueno pos' de aquí soy: Fierro Chonte, tú me vas a estar llevando a la casa de ahora en adelante.

El morrillo bien emocionado, casi se hacía con morra, la misma jodida que era la novia virtual de toda la vida.

No la dudo el cholito, todas las noches nos íbamos a pie de la tienda a nuestras casas, el morro iba y me dejaba a la casa y después se devolvía al arroyo donde vivía con la familia de malandrines.

De las caminadas y las platicadas, ese Chonte no me parecía tan loco, me mantenía bien intrigada.

Al poco tiempo era yo la que lo buscaba porque me entretenían mucho sus frases choleras, ese jodido sazón me parecía muuuuy divertido, seguíamos camareandola en el trayecto a la casa.

En una de esas, el morro se declaró, me dijo que le daba mucha pena las carrillas que nos hacían de morritos, pero que fue tanta la presión que el morro sentía que de alguna forma había algo entre nosotros, se había creído los verbos de su parentela chola.

Yo era bien miedosa para esas cosas así que le dije al Chonte que se tumbará el rollo, además yo ya iba a volver a la universidad, no podía volver a la universidad con un jodido cholo de novio bueno para nada, el morro era buena gente, me dio un poco de pena.


Después de eso "El Chonte" ya no habló conmigo, dejó el trabajo y volvimos a ser desconocidos, nos encontrábamos en la tienda de la esquina, pero agachábamos la cabeza, no había ni un simple saludo, nada...

Yo seguí chambeando, muy aburrida eso sí, volví a la escuela con mis amigos metaleros, no me divertían igual que el cholito...Extrañaba al Chonte.

Después de algunos meses, decidí  ir a hablar con él para limar asperezas, quería  que fuéramos amigos.

Llegué al arroyo, les pregunté a los cholos por el morro, y gritaron "Chonte te habla tu novia",  me dio mucha risa.

El jodido salió todo aflojerado, pero detrás de él salió una chila tira barrio a hacérmela de emoción, me quería desgreñar.

El morro se había conseguido novia chola verdadera.
Pensé: -¿me cambio por esta malandra mocochanga sarra? Ya había caído en el juego del cholo, muy mal.

¡De volada me fui, esa morra se veía de la akiwiki!
Al poco tiempo me enteré que la parejita de cholos iban a traer más cholito a sobrepoblar el barrio de la Y Griega..

Ahí fue cuando me obligué a dejar de pensar en ese Chonte, y miren hasta la fecha viene a mi mente, estaba bien curado el morro.

Hace unos días, volví a la Y griega, una tía es vecina de esa familia de cholos, nos puso al día con la información; Los tíos del "Chonte", "El Oso" y "El Cayetano" están en el cereso una vez más, "La Chuya" esposa de uno de ellos está en el femenil porque intentó meterles droga al Cereso.

"El Chonte" el más pequeño de la clika salió del barrio con su novia e hijos hace varios años atrás.

Empezó con drogas,  cayó en el vicio del Crystal, empezó a robar como todos los adictos para comprar sus drogas, por ese motivo fue a dar veces a la cárcel.

Mi tía nos dijo que al morro trataron de ayudarlo, pero no se dejó, ya era demasiado el vicio, siempre fue flaco ese, así que se consumió muy rápido.

Sus órganos no resistieron la pela que se llevaban con el Crystal, perdió la consiencia y siempre lo estaban buscando, se convirtió en una especie de indigente.

Finalmente murió a los 26 años, dejó a dos hijos que siguen con su legado en algún barrio de Hermosillo.

Me pegó duro la noticia, el tiempo que conocí al morro demostró ser una buena persona, a pesar del entorno tan feo que le tocó.

Era muy noble y gracioso, tenía ese no sé qué que tienen los cholos que hipnotizan con su manera de hablar.

Desde entonces yo tengo una fijación, sí escucho la típica tonada chola me quedó clavada escuchando, me parece sensacional.

Nunca voy a olvidar a mi novio cholo imaginario,era muy buen amigo,súper servicial, desgraciadamente los vicios le ganaron,no fue tan fuerte.

Espero que sus hijos no caigan en eso y que por lo menos recuerden a su padre como yo después de años, con gusto.

"La Niña Vengadora"


Por Ana Isabel Zepeda.

Todos hemos convivido con niños abusadores, sobre todo en la primaria y secundaria, todos tenemos una historia que contar al respecto y esta es la mía.

Tendría yo unos 7 u 8 años, y en mi salón había la típica niña que reprueba años y se hacen grandes y no avanzan.

Pues en mi caso, la niña se llamaba Susana, era grande, robusta, se empezaba a ver más como una adolescente.

Recuerdo que tenía el cabello muy negro, largo y ondulado, siempre recogido en una cola de caballo a la altura de la nuca.

Ella vivía en un pueblo a la salida Sur de Hermosillo, todos los días un camión iba y la dejaba junto a otros niños de esa misma comunidad.

Desde que entró a mi salón, Susana se dedicaba a golpear a todos, nadie la quería, siempre se metía en problemas.

Hacía que el maestro castigara a otros compañeros, inventaba chismes, se portaba mal.

Ninguno de los niños era más grande que ella, Susana ganaba, todos le temían, un simple manotazo de ella y te dejaba llorando.

Nadie entendía la maldad de esa chamaca, parecía que su meta en la vida era llegar a la escuela a fregarse a alguien.


La niña nos tenía cansados a todos, afortunadamente a mi nunca me hizo nada, yo no me acercaba a ella, no quería ser su amiga.

Mis amigas en primaria eran dos, Cristina y Lupita, la primera muy alta e intigente, la segunda muy pequeña y seriecita y yo que pues sí era más atrabancada.

Un día en el recreo, Cristina y yo salimos a comprar, Lupita se quedó en el salón esperando por nosotras, nos subíamos al escritorio del maestro y cantábamos.

Ese día al regresar con nuestras paletas en forma de manita Vero®, encontramos una imagen desagradable...

Susana tenía a Lupita sometida, pegándole y amenazándola, el vivo ejemplo de lo que hoy conocemos como Bullying.

Yo sentí taaaaanto coraje, esa niña me había colmado la paciencia.

Le grite: "Déjala lobo" (así le decían otros compañeros porque era muy peluda).

Susana volteó a verme y sonrió, me imaginó en el suelo después de uno de sus golpes.

Soltó a mi amiga y se fue sobre mi, bien enojada, pero no contaba con mi amplia experiencia peleando con hombres (tengo tres hermanos).

Mientras caminaba hacia mi me gritaba:"cállate", "tú no te metas" y otras groserías demasiado fuertes para que las dijera una niña.

Me empujó, pero más que darme miedo me dio más fuerza por el coraje, no lo pensé y cuando trataba de salir yo le agarré bien fuerte las greñas.

La morra se jaló hacia la puerta y yo aferrada de su larga cabellera ondulada, se amoldaba muy bien a mis manos y entre mis dedos.

Le grité a Cristina que cerrará la puerta, yo y el cabello de la niña estábamos por dentro del salón y Susana por fuera.

La puerta se cerró y los gritos de Susana y de los niños que estaban viendo alertaron al maestro, yo seguía jalando esas greñas en nombre de todos los compañeros.

Llegó el maestro y hasta entonces aflojé mis dedos que estaban tan bien enganchados en esa cola de caballo.

La niña lloró como nunca, nadie la había visto así antes, yo sólo vi mis manos que tenían cabellos de la abusadora.

Susana me acusó, dijo que le pegué, el maestro decidió castigarme, tal vez me hizo falta llorar y hacer un poco de drama, pero estaba contenta. 

Por fuera del salón había una gran llanta como de trailer a medio enterrar, ahí jugábamos los niños.

Pero ese día fue testigo y acompañante de mi castigo, el
maestro me mandó a quedarme parada arriba de la llanta, bajo los rayos del Sol, ahí me quedé por dos horas.

Llegó la hora de salida y yo seguía parada encima de la llanta, sin poder moverme y sufriendo por el calor.

Mi mamá llegó y me vio fuera del salón, quemada por los rayos solares que me pegaban directo en la piel  y sudando.

Rápidamente me bajó de ahí y fue a reclamarle al maestro, me tenía de su mano.

-¿Oiga maestro por qué tiene ahí a la niña?, le preguntó molesta.

-Es que le pegó a una niña, contestó el maestro.

-¿Es verdad? ¿Por qué le pegaste mijita? Me cuestionó mi mamá.

-Es que le pegó a la Lupita y luego me quiso pegar a mi, siempre le pega a todos, contesté rápidamente.

-¡Qué bueno mijita! Y sí quiere volver a pegarte chingatela tu primero, no te andes dejando, me dijo mi mamá frente al maestro.

El maestro quiso regañar a mi mamá por darme tal consejo, pero mi mamá le ganó...

-Y usted maestro pobre de usted que me la vuelva a dejar en el Sol, me lo voy a chingar también, le dijo.

Recogí mi mochila y en el camino a casa mi mamá me iba felicitando.

-"No te tienes que andar dejando de nadie más que pura madre", "pinche maestro, no le hagas caso, no estas manca", etc.

A los pocos meses Susana, fue cambiada de escuela, era una niña grande problemática, cuando se fue volvió la paz en nuestro grupo.

Años después, varios años me la encontré en la preparatoria, pero ya no la reconocía.

Había cambiado mucho, se había quedado de aquel tamaño, ahora yo era más alta, ella chaparrita y gordita, seguía con su cola de caballo.

Ya se rasuraba y no estaba tan peluda, además era un poco más agradable.

Se acercó a mi y me recordó aquella pelea, -¡Soy Susana, estaba contigo en la primaria, nos peleamos una vez!

La seguí viendo de pronto, yo iba en el turno matutino y ella en el vespertino, nos saludábamos cada vez que nuestras miradas se topaban.

Para antes de llegar a quinto semestre supe que se casó con un policía porque la embarazo, dejó la preparatoria y nunca más la he vuelto a ver.

Y esa fue la historia de la vez que vengué a mis compañeros de primaria.






miércoles, 30 de abril de 2014

Triste historia del Día del Niño


Como una persona mayor que conoce perfectamente la ciudad, camina Carlitos, se mueve ligero por las calles del Centro de Hermosillo, pero no como el resto de los niños que van de la mano de sus padres, de paseo o de compras.

Carlitos a sus 8 años, tiene que trabajar y llevar dinero a su casa, donde vive con su madre y dos hermanos menores, no va a la escuela y se dedica a pedir dinero  a los transeúntes.

Con el pretexto de que necesita recursos para devolverse a su casa en camión, el pequeño solicita unas monedas, mucha gente le entrega un peso o dos, otros simplemente lo ignoran.

El niño nunca ha ido a la escuela, su mamá no lo lleva, asegura, no sabe leer ni escribir, mucho menos contar, por ese motivo no tiene la menor idea de cuánto gana en un día de trabajo.

Lo que sea que logra recaudar se utiliza en su casa de la invasión Altares al Sur de Hermosillo para que sus hermanos coman frijoles con tortillas o pan y sopa de fideos.

El pequeño que recorre las calles con ropas sucias, es reconocido por algunos hermosillenses, pues es común que se pose en las paradas de los camiones para pedir unas monedas y caída la tarde tomar la ruta 02 de regreso a su hogar.

“¡Dile a tu mamá que te lleve a la escuela!, ¿Qué tu mamá no te cuida? ¿Para qué quieres dinero?” Son algunas de las frases que el pequeño escucha todos los días.

Él no sabe que trabaja, simplemente hace lo que puede y lo que le solicita su madre para que puedan vivir, no sabe exactamente dónde vive ni su nombre completo.

Debido a la falta de educación el niño tiene una mala dicción y no consigue hilar sus ideas.

Al igual que él cientos de menores en todo el Estado deben colaborar con los gastos de sus casas, aunque pueda ser considerado como explotación infantil y esté penado por las leyes.



sábado, 26 de abril de 2014

El Niño Fariseo.


Una máscara cubrió su rostro durante muchos días y un Rosario dentro de su boca lo mantuvo callado, alejado de los pecados dice él, con tan sólo 14 años, Martín Acosta Serrano fue fariseo durante las celebraciones de los Yaquis en el barrio de El Coloso.

El jovencito, dijo que entre las cosas que más disfrutó de haber sido fariseo, fue preservar su cultura y la convivencia con el resto de sus compañeros en la calle, donde bailaban y pedían dinero por 40 días seguidos.

"Fui fariseo por una manda y por mi papá, porque el todos los años lo hacía, mi máscara fue de un hechicero porque es la que hacia mi papá", explicó el joven.

Después de 40 días de haber portado la indumentaria de fariseo, 
el niño destruyó la máscara que el mismo elaboró y después la quemó.

Según las creencias del menor, conservar la máscara confeccionada con cartón y diferentes telas podría traerle mala suerte, representa la maldad, por eso las queman.

El estudiante de secundaria dijo que el próximo año volverá a enlistarse junto a fariseos de todas las edades, para demostrar su fé durante la Semana Mayor.

Lo primero que quería hacer el pequeño era volver a su casa, darse un baño y regresar a la normalidad, pues durante toda la Cuaresma vivió junto a más de 100 fariseos en una ramada.




jueves, 24 de abril de 2014

Mi primer historia.

Desde siempre me ha gustado escribir, los que me leen en redes sociales no me dejarán mentir. 

Creo que tengo esa facilidad de expresión a través de las letras combinadas con imágenes y un poco de tonterías.

A pesar de que tengo mucha imaginación y me da para escribir historias, no la necesito.

¿Pero saben por qué no? Es porque mi vida ha estado llena de aventuras, de todo tipo, en diferentes etapas, igual que ustedes, algunos las compartimos en pláticas con amigos, a mi me gusta escribirlas y compartirlas con extraños.

Me gustan también las vidas interesantes de personas que tienen algo que contar y por eso me presto como su intérprete para mostrárselas a ustedes.

Por aquí nos estaremos leyendo.
#Abusados.

HOLA AMIGOS

Hola amigos de Twitter, este es mi nuevo blog donde voy a publicar algunos trabajos e historias de mis aventuras, espero que les guste y que me lean.