domingo, 13 de julio de 2014

"El Chonte"

Por Ana Isabel Zepeda

Yo soy una persona nacida en el barrio de la Y griega, ahí pasé mi infancia en medio de los pleitos brutales entre los cholos de mi colonia y los cholos de la Piedra Bola, ahí muy cerca del puente del Nuevo Sonora de la salida a Guaymas.

Desde muy pequeña unos 5-6 años, cuando iba a la escuela primaria que pasa por el arroyo Las Víboras, una familia de cholos se sentaba en cuclillas, como cholos claro, a mirar a la gente pasar y a marcar territorio.

Eran unos 15 cholos, hombres y mujeres de todas las edades,el menor que era de mi edad acompañaba a sus familiares, le enseñaban a ser "barrio".

Entre apodos como "El Oso", "El Cayetano", "La Chuya", etcétera siempre retumbaba en mi cabeza "El Chonte",era el niño menor de la clica.

No sé por qué motivo, la familia de cholos tira barrio me eligieron a mi como su futura pariente política, tal vez porque vivía muy cerca y me veían a diario.

El caso es que un día cuando iba a la primaria, los cholos mayores le dijeron al "Chonte": "Mira guey ahí va tu novia".

Desde ese día la familia que se sentaba en cuclillas a las orillas del arroyo cada vez que me veían decían: "Ahí va la novia del 'Chonte'".

A mi me daban mucho miedo, todos lucían como maras salvatruchas, muy violentos y con la clásica fama de los ratas del barrio.

Tengo que decir que ese tal "Chonte" nunca decía nada, a lo mejor estaba más apenado que yo,muchas veces iban y lo sacaban de su cuartito para que me viera pasar, otras veces nos encontrábamos en la calle o en la tienda de la esquina comprando sabritas con tazos, el morrillo sólo bajaba la cabeza.

Pasaron los años y "El Chonte" empezaba a tomar los rasgos característicos de cualquier cholo, pantalones holgados, camisetas grandes hasta las rodillas y unos tenis que parecían negritos bimbo con suela blanca, aunque la timidez del cholito junior era la misma, no hablaba, no daba la cara nunca, sólo estaba ahí.

Pasé todos los 6 años de primaria con el acoso de los mocochangos esos, algunas veces mis papás les pagaban por limpiar el patio de mi casa.

Esas veces que iban a limpiar llevaban al niño, y ni en mi casa respetaban, ahí seguían con su cura de los noviecitos.

Algo curioso de "El Chonte" es que nunca fue a la escuela, nunca lo vi con un uniforme, siempre estaban en el arroyo en espera de violencia.

Eran comunes entonces los pleitos con otros cholos de diferentes colonias cercanas; Residencial Aquiwiki y Fraccionamiento Piedra Bola.

Seguimos creciendo, los cholos seguían en su mismo lugar, a veces menos porque estaban en la Peni, pero siempre salían rápido.

Me convertí en una adolescente, sin mucho chiste,sabía que por lo menos un cholo no se fijaría en mi apariencia física,siempre fui muy niña.

Sin embargo, los malandros mara salvatrucha no le paraban a su cura, qué jodidos estamos pensaba yo, aunque logré llegar a un punto donde sus palabras no me afectaban, sólo los escuchaba y seguía mi camino, después de tantos años se convirtió en algo normal.

Siguió pasando el tiempo,los malandros con tatuajes caseros bien chafas seguían entrando y saliendo de la cárcel, por robos principalmente.

A los 17 años inicié mi primer trabajo de adolescente en vacaciones de verano, en un súper al Sur de Hermosillo en el departamento de juguetes de una gran tienda.

Yo trabajaba en el turno de la tarde y la tienda cerraba a las 11 p.m. pero la salida de los empleados era a las 2 a.m o más tarde.

Yo vivía muy cerca de la tienda y al salir, un camioncito nos llevaba a nuestras casas, un día iniciaba por el Sur y otro por el Norte.

Cuando empezaba el recorrido por mis rumbos siempre era la primera en llegar a casa, pero si comenzaba al Norte era más de una 1 hora de camino.

Ese viaje innecesario lo sufría mucho, así que un día me hice la valiente y  le dije al chofer: -Aquí me bajo. 

Era justo la calle de cholos, una calle desolada y muy oscura porque ellos mismos quebraban los cristales de los focos públicos, les gustaba el anonimato de la oscuridad.

El chofer del camión me dijo: Son las 2 pasadas de la mañana morra, sí te bajas aquí es bajo tu responsabilidad, tienes que firmar la lista porque yo no me quiero meter en broncas. 

¡Fierro! dije yo, puse mi nombre y empecé a caminar con miedo, estaba muy oscuro, tan ensombrecido que casi no podía ver porque la escuela que estaba del otro extremo se quedaba también en penumbras.

Sin pensarla mucho me arranqué a la casa que estaba a una cuadra de donde me bajaba, sentí la adrenalina y pasos detrás de mi, también muchos perros ladrando, obvio los pasos no era nada más que mi mente jugando conmigo para que me apurara.

Llegué a mi casa y me sentía campeona de un juego extremo, libré a los cholos que parecía que descansaban entre semana.

Así me la seguí aventando,siempre con miedo, un día me dejaban hasta la puerta de mi casa y otro me bajaba y caminaba una cuadra a oscuras.

A los tres meses de estar en la chamba nos habló el jefe a los tres empleados que estábamos ahí y dijo: Este es su nuevo compañero Carlos.

Cuando me asomé a ver al nuevo, me sorprendí mucho: ¿Cuál Carlos?-dije yo. ¡Este morro es "El Chonte".

De volada me fui de ahí, no quería saber nada del jodido ese, le sacaba la vuelta y el nomás se reía muy coquetamente, iba vestido de cholo.

Un día mi abuela que vive en Los Ángeles (es chicana,por lo tanto medio chola...broma) me trajó hasta Hermosillo  unos tenis que sin saber impusieron moda...Pero moda en los cholos,  mis tenis originales causaron sensación en aquel cholito, fue su mejor oportunidad para acercarse a la morrita, la noviecita de la vida...¿Oye morra dónde compraste esos tenis?, están bien macizos, quiero unos, dijo "El Chonte" con su tono cholo.

Yo  después de un ratito de silencio dije: -Me los trajeron del otro lado, -Órale dijo el Chonte y se fue.

Ese Chonte me miraba mucho, bueno a mis tenis,se acercó de nuevo y me hacía más preguntas, hablaba raro, casi no entendía aquellas palabras.

Me intrigaba saber qué significaban frases raras que decía con mucho sazón el morro, me tenía al pendiente de su vocabulario.

Total que poco a poco el mentado Chonte y yo nos fuimos haciendo compas, hermanos de barrio.

Uno de esos días en los que yo tenía que caminar por la calle oscura de madrugada, quedé en medio de una pelea a peñascazos entre pandillas.

Del miedo que sentía, me quedé paralizada, no supe qué hacer, para dónde correr, ni siquiera me respondían las piernas, no sé sí les ha pasado.

De repente no sólo eran pedradas, se empezaron a escuchar balazos, y no veía nada, nomás sentía las piedras caer cerca de mi y un dolorón  de piernas, se me pusieron pesadas, inmóviles.

No supe en qué momento le ordené a mi mente que moviera mi cuerpo a la bestia, ya no podía estar ahí, de repente empecé a caminar, según yo lo más rápido que pude, pero no jalaban mis popotitos, luego pensé que esos jodidos malandros no me podían ver en la oscuridad.

A esa edad andaba tirándola de metalera maldita vestida de negro, así que creo que me camuflageaba en la oscuridad.

Después de una eternidad llegué a la casa, me metí a la cama y ahí me quedé con mi dolor inmenso de piernas, del susto empecé a tener sueños recurrentes al respecto que me daban mucha ansiedad.

Al otro día llegué a la chamba y le dije al "Chonte" del desastre que se traía su familia con cholos de la piedra bola, el morro me dijo: -"a huevo morrita, ahí andaba yo también, los morros de la Piedra Bola fueron a sacarnos pleito".

El "Chonte" me contó que no sabía ni porque era el pleito con los malandros de la colonia de enseguida, pero no los querían en la Y Griega y se estaban preparando porque habían herido a un jodido que fue a parar al hospital con la cabeza quebrada.

A fuerzas iban a seguir los pleitos, iban a ir los cholos a buscar bronca, así que dije  -bueno pos' de aquí soy: Fierro Chonte, tú me vas a estar llevando a la casa de ahora en adelante.

El morrillo bien emocionado, casi se hacía con morra, la misma jodida que era la novia virtual de toda la vida.

No la dudo el cholito, todas las noches nos íbamos a pie de la tienda a nuestras casas, el morro iba y me dejaba a la casa y después se devolvía al arroyo donde vivía con la familia de malandrines.

De las caminadas y las platicadas, ese Chonte no me parecía tan loco, me mantenía bien intrigada.

Al poco tiempo era yo la que lo buscaba porque me entretenían mucho sus frases choleras, ese jodido sazón me parecía muuuuy divertido, seguíamos camareandola en el trayecto a la casa.

En una de esas, el morro se declaró, me dijo que le daba mucha pena las carrillas que nos hacían de morritos, pero que fue tanta la presión que el morro sentía que de alguna forma había algo entre nosotros, se había creído los verbos de su parentela chola.

Yo era bien miedosa para esas cosas así que le dije al Chonte que se tumbará el rollo, además yo ya iba a volver a la universidad, no podía volver a la universidad con un jodido cholo de novio bueno para nada, el morro era buena gente, me dio un poco de pena.


Después de eso "El Chonte" ya no habló conmigo, dejó el trabajo y volvimos a ser desconocidos, nos encontrábamos en la tienda de la esquina, pero agachábamos la cabeza, no había ni un simple saludo, nada...

Yo seguí chambeando, muy aburrida eso sí, volví a la escuela con mis amigos metaleros, no me divertían igual que el cholito...Extrañaba al Chonte.

Después de algunos meses, decidí  ir a hablar con él para limar asperezas, quería  que fuéramos amigos.

Llegué al arroyo, les pregunté a los cholos por el morro, y gritaron "Chonte te habla tu novia",  me dio mucha risa.

El jodido salió todo aflojerado, pero detrás de él salió una chila tira barrio a hacérmela de emoción, me quería desgreñar.

El morro se había conseguido novia chola verdadera.
Pensé: -¿me cambio por esta malandra mocochanga sarra? Ya había caído en el juego del cholo, muy mal.

¡De volada me fui, esa morra se veía de la akiwiki!
Al poco tiempo me enteré que la parejita de cholos iban a traer más cholito a sobrepoblar el barrio de la Y Griega..

Ahí fue cuando me obligué a dejar de pensar en ese Chonte, y miren hasta la fecha viene a mi mente, estaba bien curado el morro.

Hace unos días, volví a la Y griega, una tía es vecina de esa familia de cholos, nos puso al día con la información; Los tíos del "Chonte", "El Oso" y "El Cayetano" están en el cereso una vez más, "La Chuya" esposa de uno de ellos está en el femenil porque intentó meterles droga al Cereso.

"El Chonte" el más pequeño de la clika salió del barrio con su novia e hijos hace varios años atrás.

Empezó con drogas,  cayó en el vicio del Crystal, empezó a robar como todos los adictos para comprar sus drogas, por ese motivo fue a dar veces a la cárcel.

Mi tía nos dijo que al morro trataron de ayudarlo, pero no se dejó, ya era demasiado el vicio, siempre fue flaco ese, así que se consumió muy rápido.

Sus órganos no resistieron la pela que se llevaban con el Crystal, perdió la consiencia y siempre lo estaban buscando, se convirtió en una especie de indigente.

Finalmente murió a los 26 años, dejó a dos hijos que siguen con su legado en algún barrio de Hermosillo.

Me pegó duro la noticia, el tiempo que conocí al morro demostró ser una buena persona, a pesar del entorno tan feo que le tocó.

Era muy noble y gracioso, tenía ese no sé qué que tienen los cholos que hipnotizan con su manera de hablar.

Desde entonces yo tengo una fijación, sí escucho la típica tonada chola me quedó clavada escuchando, me parece sensacional.

Nunca voy a olvidar a mi novio cholo imaginario,era muy buen amigo,súper servicial, desgraciadamente los vicios le ganaron,no fue tan fuerte.

Espero que sus hijos no caigan en eso y que por lo menos recuerden a su padre como yo después de años, con gusto.

"La Niña Vengadora"


Por Ana Isabel Zepeda.

Todos hemos convivido con niños abusadores, sobre todo en la primaria y secundaria, todos tenemos una historia que contar al respecto y esta es la mía.

Tendría yo unos 7 u 8 años, y en mi salón había la típica niña que reprueba años y se hacen grandes y no avanzan.

Pues en mi caso, la niña se llamaba Susana, era grande, robusta, se empezaba a ver más como una adolescente.

Recuerdo que tenía el cabello muy negro, largo y ondulado, siempre recogido en una cola de caballo a la altura de la nuca.

Ella vivía en un pueblo a la salida Sur de Hermosillo, todos los días un camión iba y la dejaba junto a otros niños de esa misma comunidad.

Desde que entró a mi salón, Susana se dedicaba a golpear a todos, nadie la quería, siempre se metía en problemas.

Hacía que el maestro castigara a otros compañeros, inventaba chismes, se portaba mal.

Ninguno de los niños era más grande que ella, Susana ganaba, todos le temían, un simple manotazo de ella y te dejaba llorando.

Nadie entendía la maldad de esa chamaca, parecía que su meta en la vida era llegar a la escuela a fregarse a alguien.


La niña nos tenía cansados a todos, afortunadamente a mi nunca me hizo nada, yo no me acercaba a ella, no quería ser su amiga.

Mis amigas en primaria eran dos, Cristina y Lupita, la primera muy alta e intigente, la segunda muy pequeña y seriecita y yo que pues sí era más atrabancada.

Un día en el recreo, Cristina y yo salimos a comprar, Lupita se quedó en el salón esperando por nosotras, nos subíamos al escritorio del maestro y cantábamos.

Ese día al regresar con nuestras paletas en forma de manita Vero®, encontramos una imagen desagradable...

Susana tenía a Lupita sometida, pegándole y amenazándola, el vivo ejemplo de lo que hoy conocemos como Bullying.

Yo sentí taaaaanto coraje, esa niña me había colmado la paciencia.

Le grite: "Déjala lobo" (así le decían otros compañeros porque era muy peluda).

Susana volteó a verme y sonrió, me imaginó en el suelo después de uno de sus golpes.

Soltó a mi amiga y se fue sobre mi, bien enojada, pero no contaba con mi amplia experiencia peleando con hombres (tengo tres hermanos).

Mientras caminaba hacia mi me gritaba:"cállate", "tú no te metas" y otras groserías demasiado fuertes para que las dijera una niña.

Me empujó, pero más que darme miedo me dio más fuerza por el coraje, no lo pensé y cuando trataba de salir yo le agarré bien fuerte las greñas.

La morra se jaló hacia la puerta y yo aferrada de su larga cabellera ondulada, se amoldaba muy bien a mis manos y entre mis dedos.

Le grité a Cristina que cerrará la puerta, yo y el cabello de la niña estábamos por dentro del salón y Susana por fuera.

La puerta se cerró y los gritos de Susana y de los niños que estaban viendo alertaron al maestro, yo seguía jalando esas greñas en nombre de todos los compañeros.

Llegó el maestro y hasta entonces aflojé mis dedos que estaban tan bien enganchados en esa cola de caballo.

La niña lloró como nunca, nadie la había visto así antes, yo sólo vi mis manos que tenían cabellos de la abusadora.

Susana me acusó, dijo que le pegué, el maestro decidió castigarme, tal vez me hizo falta llorar y hacer un poco de drama, pero estaba contenta. 

Por fuera del salón había una gran llanta como de trailer a medio enterrar, ahí jugábamos los niños.

Pero ese día fue testigo y acompañante de mi castigo, el
maestro me mandó a quedarme parada arriba de la llanta, bajo los rayos del Sol, ahí me quedé por dos horas.

Llegó la hora de salida y yo seguía parada encima de la llanta, sin poder moverme y sufriendo por el calor.

Mi mamá llegó y me vio fuera del salón, quemada por los rayos solares que me pegaban directo en la piel  y sudando.

Rápidamente me bajó de ahí y fue a reclamarle al maestro, me tenía de su mano.

-¿Oiga maestro por qué tiene ahí a la niña?, le preguntó molesta.

-Es que le pegó a una niña, contestó el maestro.

-¿Es verdad? ¿Por qué le pegaste mijita? Me cuestionó mi mamá.

-Es que le pegó a la Lupita y luego me quiso pegar a mi, siempre le pega a todos, contesté rápidamente.

-¡Qué bueno mijita! Y sí quiere volver a pegarte chingatela tu primero, no te andes dejando, me dijo mi mamá frente al maestro.

El maestro quiso regañar a mi mamá por darme tal consejo, pero mi mamá le ganó...

-Y usted maestro pobre de usted que me la vuelva a dejar en el Sol, me lo voy a chingar también, le dijo.

Recogí mi mochila y en el camino a casa mi mamá me iba felicitando.

-"No te tienes que andar dejando de nadie más que pura madre", "pinche maestro, no le hagas caso, no estas manca", etc.

A los pocos meses Susana, fue cambiada de escuela, era una niña grande problemática, cuando se fue volvió la paz en nuestro grupo.

Años después, varios años me la encontré en la preparatoria, pero ya no la reconocía.

Había cambiado mucho, se había quedado de aquel tamaño, ahora yo era más alta, ella chaparrita y gordita, seguía con su cola de caballo.

Ya se rasuraba y no estaba tan peluda, además era un poco más agradable.

Se acercó a mi y me recordó aquella pelea, -¡Soy Susana, estaba contigo en la primaria, nos peleamos una vez!

La seguí viendo de pronto, yo iba en el turno matutino y ella en el vespertino, nos saludábamos cada vez que nuestras miradas se topaban.

Para antes de llegar a quinto semestre supe que se casó con un policía porque la embarazo, dejó la preparatoria y nunca más la he vuelto a ver.

Y esa fue la historia de la vez que vengué a mis compañeros de primaria.